House Before House: el espacio intersticial como forma de existir

Cuerpo y Espacio, Critica de la Arquitectura
2025-1

Palabras clave: vacío, cuerpo, intersticio, resonancia, presencia ausente, mirada compartida, espacialidad vivida, subjetividad, apertura, comunidad, experiencia múltiple.



Hay espacios que no son solo para ser vistos, sino sentidos. Lugares que no se imponen, sino que se ofrecen, que no buscan contener, sino acompañar. Arquitectónicamente, pocas obras encarnan esa forma de presencia como House Before House (2009) de Sou Fujimoto, donde el hogar deja de ser objeto y se convierte en relación abierta, indeterminada, profundamente humana. Concebido no como un volumen definido, sino como una sucesión de posibilidades espaciales, fragmentadas, abiertas, flotantes.

La casa se construye a través de marcos, plataformas, niveles que se suspenden en una coreografía ligera, sin muros que separen ni puertas que aíslen. Es un cuerpo arquitectónico poroso, permeable, donde el interior y el exterior no son opuestos, sino condiciones complementarias de una experiencia que fluye. Así, el hogar se vuelve un campo relacional, no es un refugio cerrado, sino un territorio de encuentro: con uno mismo, con los otros, con lo natural. Un campo relacional que presenta nociones filosóficas de espacio subjetivo, experiencia intersticial y presencia del otro.


Arquitectura como espacio de resonancia

Dalibor Vesely lo comprendía con claridad: "la experiencia arquitectónica no puede reducirse a la percepción visual de un objeto; debe comprenderse como una estructura simbólica en la que múltiples capas de sentido se entrelazan" (Architecture in the Age of Divided Representation, 2005).

En House Before House, esta idea se concreta mediante la multiplicación de contextos: cada nivel ofrece una percepción parcial, incompleta, que no se impone, sino que invita a ser explorada desde el cuerpo y su movimiento. El habitar aquí es una experiencia corporal discontinua y mutable. El espacio no está dado, sino que se genera desde la interacción, desde el paso, desde el giro del cuello y la variación de la mirada.




Este tipo de espacialidad —que
Vesely llama comunicativa— no se da, se construye en la relación. En esa interacción, el espacio no solo se habita: se interpreta, se comparte. Se convierte en un lenguaje abierto para que el cuerpo dialogue.


El vacío como presencia del otro

El escultor vasco Jorge Oteiza nombró esta paradoja del espacio que no contiene sino que acompaña. En su idea de la "máscara de la ausencia", el vacío no es abandono, sino una forma radical de presencia. El otro no está ausente: está en lo que dejó para él, en lo que no está lleno para permitir su aparición.

En House Before House, esta intuición se vuelve cuerpo. No hay una función impuesta a cada espacio. Hay margen para el deseo, para el gesto, para el cuidado. Cada intersticio, cada pausa espacial es una ofrenda. Un lugar para mirar al otro sin invadirlo. Para estar juntos sin perdernos.

Como escribió Oteiza en La desocupación del espacio (1963): “El arte moderno no se realiza llenando el espacio, sino liberándolo.” Esa libertad es aquí una ética del habitar: el yo no se afirma sobre el otro, sino con él otro. Esta relación entre los cuerpos que la atraviesan, los silencios entre ellos, los gestos compartidos sin palabras. Cada intersticio es una llamada a la presencia del otro.




Cuerpo, reflejo, comunidad

Antony Gormley llevó esta intuición aún más lejos al trabajar con su propio cuerpo como medida y presencia. En That’s me, That’s not me (1990–2010), su cuerpo vacío, hueco, colocado en distintos entornos, nos devuelve nuestra imagen multiplicada, difusa, desplazada.

Así también, en House Before House, el cuerpo no solo recorre el espacio: lo genera. Cada plataforma invita a una posición distinta. Cada altura sugiere una nueva mirada. No hay un solo lugar para estar. Hay una pluralidad de presencias posibles.

Gormley decía: “Mi obra no trata sobre el cuerpo, sino desde el cuerpo.” Esta casa no representa un hogar: lo invoca desde el movimiento, desde la percepción, desde el silencio compartido. La arquitectura se vuelve entonces posibilidad de comunidad.

La fenomenología se encarna como experiencia directa, como vivencia encarnada. Y la hermenéutica se despliega como lectura sensible de esa vivencia, abierta a la historia, al recuerdo, al encuentro con el otro.


La visión de Sou Fujimoto

Sou Fujimoto ha dicho:

“Lo primitivo y lo futuro deben encontrarse. Una casa no debe ser sólo refugio, sino también naturaleza. Una casa no es un objeto, sino una relación.”

Y en esta obra, su mirada se hace acto. House Before House no se impone desde la forma, sino que nace desde una intuición del mundo: lo arquitectónico como espacio compartido con lo natural, lo íntimo, lo colectivo. Cada nivel sugiere, pero no obliga. Cada vacío abre, pero no expone. Es una casa que escucha más de lo que habla.

En su falta de jerarquía formal, hay una apuesta radical por la multiplicidad de voces, de experiencias, de maneras de estar. El hogar se vuelve diálogo.


Vivir en lo intersticial

Patočka, Vesely, Oteiza y Gormley coinciden en una certeza: no hay espacio sin cuerpo, ni cuerpo sin relación.

  • El cuerpo no habita un espacio objetivo, sino que genera un mundo vivido, relacional (Patočka).

  • El espacio tiene capas, que cada una se activa en la interpretación sensible (Vesely).

  • El vacío es ya una forma del encuentro (Oteiza) 

  • El cuerpo como **una presencia que revela, que cuida, que se duplica en el otro (Gormley).




En House Before House, estos pensamientos no se ilustran: se viven. La casa no es antes de otra. Es antes de cerrarnos a los otros. Un espacio para el encuentro sin violencia. Para el yo que se reconoce en la mirada del otro. Para la comunidad silenciosa que nace del respeto.

Aquí, el espacio no se ocupa. Se comparte. Y el cuerpo no se impone. Se ofrece.


Jessica Urrea Cubides
Julio 2025

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