¿Es posible construir desde el habitar en un contexto contemporáneo?
A partir de la lectura Construir, habitar, pensar de Martin Heidegger, quisiera reflexionar sobre la posibilidad —y los límites— de construir desde el habitar en la contemporaneidad. Reconozco que abordar un texto de esta profundidad puede ser una tarea arriesgada, pero es precisamente esa complejidad la que invita a pensar críticamente nuestra disciplina.
Heidegger desarrolla su reflexión en un contexto particular: la Alemania devastada por los bombardeos aliados durante la Segunda Guerra Mundial, donde la necesidad urgente de vivienda impulsó una construcción masiva. En el último párrafo de su exposición, el autor expresa: “Pero, ¿de qué otro modo pueden los mortales corresponder a esta exhortación si no es intentando por su parte, desde ellos mismos, llevar el habitar a la plenitud de su esencia? Llevarán a cabo esto cuando construyan desde el habitar y piensen para el habitar”. Esta afirmación deja claro que, para Heidegger, construir no resuelve en sí mismo el problema del habitar si no parte de una comprensión profunda del mismo.
Desde esta premisa, considero que construir desde el habitar —entendido no solo como edificar, sino como diseñar con conciencia del habitar humano— resulta sumamente difícil en el contexto actual, marcado por modelos económicos que priorizan la rentabilidad por encima del bienestar. La construcción, en su dimensión física, requiere recursos y medios que están inevitablemente condicionados por estructuras económicas complejas y desiguales. En otras palabras, construir no depende únicamente de nuestra voluntad de habitar de forma plena.
En las ciudades contemporáneas, tanto en Occidente como en Oriente, la presión inmobiliaria ha impuesto una lógica de rentabilidad. Se construye desde la pregunta “¿cuál es el espacio mínimo?” y no desde “¿cuál es el espacio mínimo para habitar?”. Esta segunda formulación nos permitiría, como plantea Heidegger, pensar el habitar como cuidado, como resguardo, como un espacio que dé lugar incluso a lo divino —un espacio entre el cielo y la tierra.
El aprovechamiento máximo del espacio remite a una acción esencial: el medir. Aunque personalmente quisiera comprender el acto de medir en un sentido más abstracto, al observar la realidad práctica es evidente que las construcciones masivas contemporáneas no han mejorado respecto a las que Heidegger criticaba; al contrario, muchas veces representan un retroceso.
Esto se relaciona con la figura del promotor inmobiliario o constructor-inversor. Heidegger afirmaba que “construir no es solo medio y camino para habitar. El construir es en sí mismo habitar”. Sin embargo, hoy en día, quien construye no necesariamente habita, y quien habita no siempre tiene agencia sobre lo construido. Esta separación entre habitar y construir refleja una fragmentación preocupante.
Si deseamos que construir y habitar vuelvan a estar intrínsecamente vinculados, como propone Heidegger, es indispensable que quienes construyen entiendan el habitar como una experiencia integral, no como una cuestión meramente técnica o mercantil. La arquitectura no debe ser indiferente; debe aspirar a transformar positivamente la vida de quienes la experimentan.
Para que el pensamiento de Heidegger tenga un impacto real, es fundamental que arquitectos, urbanistas, políticos, y todos los agentes involucrados en la configuración del espacio, se comprometan no solo con su propio modo de habitar, sino también con el del otro. Esto requiere sensibilidad, negociación y diplomacia. Dado que los modelos económicos y políticos actuales no parecen dispuestos a ceder fácilmente, debemos aprender a convivir con distintas formas de habitar: las conscientes y las indiferentes; las que construyen para edificar y las que construyen para cuidar.
Si no asumimos esta responsabilidad, corremos el riesgo de perpetuar lo que el tiempo ha venido demostrando desde que Heidegger escribió su texto: un fracaso en los modos de habitar. No hemos logrado que el habitar anteceda al construir; por el contrario, nuestras formas de vida están determinadas por construcciones que imponen ritmos, costumbres, y maneras de vivir que no necesariamente responden a nuestras necesidades más profundas.
Me parece importante cómo cuestionas la aparente contradicción entre construir y habitar en un contexto dominado por intereses económicos. La frase que recuperas de Heidegger, sobre construir desde el habitar, cobra una fuerza especial cuando se lee a la luz de lo que hoy se construye sin pensar en quién o cómo se va a habitar.
ResponderEliminarTambién me pareció muy valioso que te detengas en la figura del promotor inmobiliario y en cómo, muchas veces, quien construye no es quien habita. Esa ruptura es fundamental para entender por qué muchas viviendas y espacios públicos hoy se sienten tan ajenos, tan genéricos y tan lejanos a la vida real. Me hizo pensar en qué tanto poder tiene realmente el arquitecto para revertir esa lógica o si ya es parte estructural del sistema.