Habitar con el cuerpo

 

Habitar con el cuerpo

Sergio Tovar
Curso Crítica de la Arquitectura - Prof. Carlos Naranjo
Universidad Nacional de Colombia
2025-1

Introducción 

El cuerpo ha sido históricamente entendido como el punto de partida de nuestra experiencia en el mundo. En el marco de la arquitectura los filósofos como Giedion y Zevi introducen una visión espacial del cuerpo donde no solo se habita físicamente el espacio, sino que también se le otorga sentido. Giedion, con su noción del “espacio tiempo”, propone una arquitectura que no se reduce a la forma, sino que está en constante movimiento y cambio, mientras que Zevi enfatiza la importancia del espacio interior como la verdadera esencia de la arquitectura, algo solo comprensible al recorrerlo, vivirlo, sentirlo.

En esa misma línea, la fenomenología del cuerpo de autores como Maurice Merleau-Ponty y Jan Patočka propone que la experiencia arquitectónica está mediada por la percepción corporal. Para Merleau-Ponty, el cuerpo es nuestro medio para estar en el mundo: no es un objeto más dentro del espacio, sino el sujeto desde el cual se construye y se comprende el mundo. En este sentido, la arquitectura se transforma en una experiencia corporal antes que visual.

Merleau-Ponty sostiene que no existe una percepción objetiva del espacio sin el cuerpo que lo recorra y lo interprete. Así, la arquitectura se convierte en un espacio que se revela en el andar, en la mirada en movimiento, en el cuerpo que lo habita. Patočka, por su parte, reflexiona sobre los horizontes de la existencia, sobre cómo el ser humano se sitúa en múltiples planos que lo hacen consciente de su entorno. Estos planos, aplicados a la arquitectura, dan lugar a múltiples formas de habitar, a la coexistencia de experiencias dentro de un mismo espacio.

Relación con la arquitectura

La arquitectura se vuelve entonces una extensión del cuerpo, no es simplemente un objeto a contemplar sino un campo de relaciones corporales. Cada gesto arquitectónico (una rampa, una escalera, una ventana baja) dialoga con el cuerpo y sus posibilidades. En este sentido, habitar es un acto activo, corporal y subjetivo.

El espacio no se concibe como un contenedor neutro sino como un medio que transforma la manera en que nos sentimos, nos movemos y nos relacionamos. Esta visión se aparta de la concepción tradicional del edificio como forma y lo ve como campo de experiencia. Por tanto, estudiar cómo se percibe y se vive un proyecto arquitectónico es también estudiar los cuerpos que lo recorren.

Un ejemplo claro de este planteamiento se encuentra en la obra de arquitectos modernos como Le Corbusier, quien incorporó el “Modulor”, un sistema de proporciones basado en el cuerpo humano, para diseñar espacios armónicos. Sin embargo, más allá de la proporción, hoy interesa observar cómo el espacio configura prácticas cotidianas, cómo afecta nuestros movimientos, ritmos y relaciones.

Edificio Giraldo

El edificio Giraldo, proyectado en Bogotá a finales del siglo XX por el arquitecto Fernando Martínez Sanabria, es un ejemplo que permite explorar la relación entre cuerpo y espacio. Este proyecto presenta una estrategia espacial clara: fragmentación programática a través de la verticalidad y el uso de planos intermedios. A través de desniveles, escaleras ligeras y umbrales difusos, el edificio no se recorre de manera lineal, sino que invita a pausas, giros y desvíos.

Desde la entrada se presenta un espacio comprimido, sin vistas amplias, que obliga a una desaceleración. Al avanzar, el espacio se libera hacia un lobby con conexión visual con un patio interior, este contraste genera un efecto corporal fuerte: pasar de lo estrecho a lo abierto, del control a la expansión.




Figura 1. Vista de la fachada del Edificio Giraldo, Bogotá.

La imagen muestra el ritmo compositivo generado por los balcones cúbicos en voladizo y las texturas del concreto y el ladrillo, característicos del diseño de Fernando Martínez Sanabria.

Fuente: ArchDaily. (s.f.). AD Classics: Clásicos de Arquitectura – Edificio Giraldo / Fernando Martínez Sanabria. https://www.archdaily.co/co/02-300376/ad-classics-clasicos-de-arquitectura-edificio-giraldo-fernando-martinez-sanabria/525db5b0e8e44ecb170009db-ad-classics-clasicos-de-arquitectura-edificio-giraldo-fernando-martinez-sanabria-foto?next_project=no

El proyecto no define los espacios de manera cerrada; por el contrario, se vale de transiciones difusas entre interior y exterior para amplificar la experiencia del habitar. Un corredor abierto al jardín se convierte en espacio intermedio, donde el cuerpo ya no está ni dentro ni fuera, sino en una situación liminar.

La escalera, más que un elemento funcional, se convierte en el eje de la experiencia: su ligereza, transparencia y la manera en que articula las visuales genera una dinámica en el cuerpo. El movimiento entre niveles se hace fluido y continuo, como si el cuerpo se adaptara a un ritmo propio del espacio.

Esta experiencia espacial da cuenta de lo que Merleau-Ponty describiría como la unidad del cuerpo y el entorno. El proyecto no se comprende solo por sus planos o materiales, sino por cómo estos configuran un habitar sensible. Patočka diría que aquí se produce un cruce de horizontes: el de la vida doméstica, el de lo natural, el de lo simbólico. Todos esos planos son accesibles desde la experiencia del cuerpo.

Figura 2. Planta del sótano del Edificio Giraldo.


La planta evidencia la organización programática y circulatoria en niveles inferiores del edificio, destacando la continuidad espacial que se extiende incluso bajo el nivel de acceso.


Conclusión 

Habitar con el cuerpo es reconocer que la arquitectura no se comprende desde fuera, sino desde dentro. No basta con ver un edificio; hay que vivirlo, recorrerlo, sentir cómo el espacio responde y se ajusta al cuerpo. A través de la fenomenología y especialmente de los aportes de Merleau-Ponty y Patočka, comprendemos que el espacio no es solo contexto físico, sino experiencia vivida.

El edificio Giraldo permite entender cómo decisiones espaciales como la escala, la secuencia, la transparencia y el vínculo con el exterior configuran una arquitectura sensible al cuerpo. No es un objeto autónomo, sino una situación abierta a múltiples formas de habitar.

Por tanto, el reto de la arquitectura contemporánea no es solo resolver funciones, sino diseñar experiencias. Crear espacios donde los cuerpos puedan moverse con libertad, reconocerse, conectarse. Espacios que se descubren con el andar, con la luz, con el tiempo. Espacios que se habitan con el cuerpo.

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