En Defensa del Diseño Interior
Desde hace un rato me viene acompañando en la carrera un sentimiento que no supe reconocer sino hasta hace muy poco. Una superioridad de la que nadie habla, pero de la que todos son conscientes que llevan consigo los arquitectos a todos lados y que personalmente, me molesta, porque cuando no es una forma de ese elitismo de “nadie sabe hacer lo que nosotros sabemos hacer”, es una romantización innecesaria del sufrimiento, como si las incontables noches sin dormir fueran a asegurar un éxito en el futuro mercado laboral. Y esta superioridad permea también la percepción que tenemos de disciplinas que se acercan mucho a la arquitectura, pero que no precisamente lo son (dependiendo de la definición de arquitectura que se tenga). Una de estas disciplinas y de la que quiero hablar hoy, es del diseño interior*.
En las ocasiones en las que le he
contado a algunas personas de la carrera que el diseño interior es una rama que
me interesa, las respuestas evidentemente no son siempre las mismas, pero me he
encontrado con más veces de las que me gustaría con personas que responden con
algo que suele ser parecido a “pero eso no es arquitectura”. ¿Por qué no lo
sería? ¿No se supone que el gran cambio de paradigma de la modernidad fue que
empezamos a hablar de la arquitectura como “espacio”? ¿No es el diseño interior
(la ubicación de los muebles, las formas de los mismos, los colores, los materiales,
las texturas, los tipos de piso, las luces) una disciplina que también se
encarga de configurar el espacio?
Creo que en esa última pregunta
está la diferencia de opiniones que llevaba a que las personas me respondieran
eso. Antes de ver esta clase no tenía la palabra para verbalizarlo, pero para
mí la fenomenología, el cómo se sienten los espacios y las emociones que
transmiten, siempre fue algo inherente a la arquitectura, a los recorridos, a
los espacios, y de ahí nace esa determinación por querer reivindicar el diseño
interior como una disciplina de la cual los arquitectos también se pueden
encargar, y que además pueden incorporar a sus diseños. Porque, además, creo
que ese prejuicio hacia el diseño interior nace de la creencia de que es una disciplina
que se encarga exclusivamente de hacer que los espacios se vean bonitos, cuando
esto no podría estar más lejos de la realidad. El diseño interior está
fundamentado en un proceso de entender las costumbres, los pequeños rituales de
una persona en un espacio, de propiciar esos rituales, y de aprovechar todos
los recursos que se tengan a la mano para que esa persona se sienta a gusto en ese
entorno. Por esto la importancia de escoger un color agradable a la vista, unas
texturas agradables al tacto, de diseñar una acústica agradable al oído, entre
otros.
El
aprender a poner esa atención al detalle es en mi opinión, la cualidad más
grande de esta disciplina y lo que termina haciendo que una arquitectura sea realmente
exquisita. Un arquitecto que tenía esto absolutamente claro (especialmente en
términos del color) es Barragán. Casos como su Casa-Estudio, o como la casa Giraldi
son evidencia de que él era completamente consciente del impacto sobre el
cuerpo que podía tener un buen diseño del espacio interior, que incluso
pareciera que tuviese el interior en mente desde el momento en el que ponía el lápiz
en el papel para diseñar el edificio.
Otro arquitecto que considero era
viva evidencia de tener en cuenta ese nivel de detalle al momento de hacer
arquitectura es Martínez Sanabria, pues gran parte de su arquitectura doméstica
era el mueble. En sus casas el mueble fijo siempre es un elemento fundamental,
y observando sus bocetos es fácil darse cuenta de que el mueble, fijo o no,
tenía protagonismo.
Me
gustaría además mencionar el trabajo de una arquitecta y diseñadora de
interiores con quien tuve la oportunidad de conversar y cuyo trabajo considero
que muestra de una forma muy bella la importancia de la disciplina del diseño
interior. Su nombre es Cinthya Arana, es peruana, y se dedica al diseño interior
de espacios para niños. Los niños viven en un mundo que no está hecho para
ellos: los escalones son muy grandes, las sillas son muy altas, los sofás son
incómodos, etc. Esto crea una dinámica excluyente, en la que el niño nunca va a
poder andar cómodamente. En esto se basa su trabajo, en bajar la escala, en
adaptar los muebles y los espacios para que los niños específicamente se
sientan a gusto y puedan hacer uso de este de forma cómoda y libre, evidentemente
cuidando también de la paleta de colores, de las texturas de los materiales,
del sonido en el espacio y de la atmósfera que generan todos estos elementos.
El diseño interior es una
disciplina que parece no tener buena reputación con la arquitectura como
academia, tal vez porque va muy de la mano con la fenomenología, pero esta es una
de las directamente responsables de la relación que puede llegar a tener el
cuerpo con el espacio, por eso considero que como arquitectos deberíamos
reconocer que acercarnos a esa escala, a ese detalle, puede nutrir
profundamente nuestros diseños y hacer de nuestra arquitectura una experiencia
mucho más rica, profunda e inmersiva.
*Yo me he tomado el trabajo de
investigar sobre esta disciplina de forma independiente y no he encontrado
realmente un consenso sobre qué implica específicamente el término de diseño
interior, y qué diferencia tiene respecto al término interiorismo, por lo que,
para efectos de este escrito, cuando hable de diseño interior me estaré refiriendo
a el diseño del espacio interior en términos estéticos, funcionales y de
comfort que pueden o no implicar una intervención sobre lo ya construido o lo que
se va a construir.
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