El cuerpo y la invención del lugar
Luis Barragán no fue un arquitecto moderno más, sino alguien que, desde adentro del canon moderno, se atrevió a cuestionarlo. Su obra, especialmente la Casa en Tacubaya (1948), representa una respuesta sensible, poética y territorial a la crisis de la modernidad. En un momento en que la arquitectura parecía volverse cada vez más universal, homogénea y desligada de su entorno, Barragán propuso una reconciliación entre la arquitectura, el paisaje y el cuerpo, mediante un gesto esencial: no habitar un sitio dado, sino inventarlo.
En clase se discutió cómo Barragán atraviesa distintas etapas: desde su primera fase en Guadalajara, hasta sus obras modernas en Ciudad de México y, finalmente, una etapa introspectiva y crítica, donde su arquitectura trabaja desde lo local, lo corporal y lo espiritual. La Casa Barragán, que fue su hogar y laboratorio, no es una vivienda cualquiera. Es, en muchos sentidos, una obra manifiesto, donde el arquitecto deja de ser un técnico y se convierte en un cultivador de sitio.
El gesto de cerrar la casa hacia la calle y abrirla hacia un jardín interior ya revela su pensamiento: la arquitectura no busca imponerse en el paisaje urbano, sino replegarse, crear intimidad, establecer relaciones internas. Los muros exteriores humildes contrastan con la riqueza espacial del interior, donde las plataformas, escaleras, vacíos y luces producen un recorrido pausado, casi litúrgico, que invita al cuerpo a descubrir lentamente el espacio.
Img 1. Casa en Tacubaya, Luis Barragán |
Barragán no parte de un espacio dado, sino que construye un sitio. En este punto, su obra dialoga con las ideas del filósofo Martin Heidegger, quien distingue entre "ubicación", "sitio" y "lugar". El punto es simplemente una coordenada en el espacio; el sitio implica una relación corporal, un estar-en; el lugar, finalmente, es aquello que permite permanecer, lo que alberga y acoge al cuerpo. Barragán no habita un punto: inventa un lugar, lo cultiva, lo trabaja. Antes que arquitectura, hay topografía intervenida, jardín, muro, orientación, escalinata.
Este gesto es aún más evidente en proyectos como El Pedregal, una intervención urbanística donde Barragán trabaja con la tierra más barata de Ciudad de México. No trata de domarla o negarla, sino de reconocerla y transformarla. En lugar de construir directamente, coloca muros, escaleras y fragmentos arquitectónicos que anticipan una casa futura, pero que, por sí mismos, ya comienzan a dar sentido al terreno. Esta es una estrategia radical: cultivar antes de construir, establecer relaciones visuales y espaciales que convierten el terreno en sitio.
La casa, entonces, no nace del terreno, sino del cultivo de relaciones entre cuerpo, paisaje y orientación. Esta estrategia se evidencia también en la forma como se abren ciertos vanos hacia el cielo o hacia la vegetación, generando introspección y conciencia del entorno.
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La Casa EM de Ambrosi y Etchegaray no imita a Barragán, pero continúa su visión: se construye desde lo local para dar sentido al lugar corporalmente habitado. El proyecto no se impone sobre la tierra: la acompaña, la modela, la respeta.
Uno de los aspectos más notables de la Casa EM es su relación con el terreno. En lugar de modificar agresivamente la topografía, la arquitectura se adapta a ella mediante plataformas, desniveles y recorridos fragmentados que guían al cuerpo por secuencias espaciales que recuerdan los ritmos pausados de la casa de Barragán. La experiencia del habitante se convierte en un proceso de descubrimiento: subir, descender, girar y contemplar. La arquitectura no se presenta como una totalidad desde un solo punto de vista, sino como una suma de momentos encadenados, de perspectivas que cambian según el lugar del cuerpo.
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Otro punto de contacto es el uso del material. El tabique aparente en los muros de la Casa EM remite a una materialidad local, táctil, cercana a la tierra, tal como Barragán favorecía acabados rústicos, muros encalados y materiales tradicionales mexicanos. No se trata de un gesto nostálgico ni puramente estético, sino de una decisión que construye pertenencia. Así como Barragán trabajaba el color y la textura para evocar emociones y memorias, la Casa EM apuesta por una arquitectura que se siente, que se habita desde la piel y desde la experiencia cotidiana.
| Img 4. Tabique Aparente Casa EM, Ambrosi | Etchegaray |
La Casa en Tacubaya condensa todas estas estrategias. Es un lugar introspectivo, de silencio, de recogimiento, pero también de luz, de apertura hacia el cielo. La relación con la topografía es fundamental: los distintos niveles, las escaleras, las plataformas, no responden a una necesidad funcional, sino a una poética del habitar. No se trata de subir o bajar: se trata de sentir el peso del cuerpo, el esfuerzo del recorrido, la ligereza de la luz al final de una escalera.
En la arquitectura moderna, el universal soportó una lógica racional, a menudo desconectada del sitio. Barragán y proyectos como Casa EM nos recuerdan que, como proponía Heidegger, el verdadero construir es habitar el mundo, no dominarlo. Inventar lugar no es simplemente diseñar una casa, sino crear un entorno donde el cuerpo quiera quedarse, donde el sitio perdure, donde el horizonte y la verticalidad dialoguen con nuestra corporalidad.
Referencias
Barragán, L. (1980).
Heidegger, M. (1951). Construir, habitar, pensar. En Conferencias y artículos. Barcelona: Serbal.
Ambrosi | Etchegaray (2013). Casa EM. Recuperado de https://www.archdaily.mx/mx/760706/casa-em-ambrosi-i-etchegaray
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