Cuerpo, límite y follaje
Edwin Santiago Cárdenas Pérez
Cuerpo, límite y follaje. Arquitecturas que respiran
¿Qué lugar tiene la vegetación en la construcción del espacio arquitectónico desde el cuerpo?
Plantear esta pregunta implica reconocer que lo vegetal no es un simple decorado dentro del espacio construido. Muy por el contrario, cuando se le otorga protagonismo, la vegetación transforma la manera en que el cuerpo percibe, recorre y habita un lugar.
La vegetación no solo acompaña el espacio arquitectónico, lo transforma, lo hace habitable, lo vuelve experiencia. En su presencia viva y cambiante, activa una relación directa con el cuerpo que lo recorre. No es una capa de fondo, sino materia activa que modela recorridos, crea atmósferas, define límites e influye en el modo en que el cuerpo percibe y habita.
A diferencia de un espacio construido solo con piedra, concreto o metal donde las formas son estables, los ritmos previsible y el clima interior controlado, la vegetación introduce variaciones sutiles pero determinantes. Modula la luz, filtra el vientos, aporta humedad, olor, sombra, movimiento. Cada uno de estos factores afecta directamente la forma en que el cuerpo transita, se detiene, se orienta. La arquitectura con vegetación no se impone, se vive. Además, la vegetación enriquece la espacialidad arquitectónica al introducir una diversidad de límites que interpelan a múltiples sentidos. A diferencia del muro, que suele dirigirse principalmente a la vista o al tacto, lo vegetal genera bordes que se escuchan, se huelen, se cruzan, se filtran. Esa multiplicidad de límites sensoriales complejiza y profundiza la experiencia del espacio, permitiendo que el cuerpo se relacione de manera más integral con el entorno.
Más allá de la dimensión visual o ecológica, lo vegetal introduce en la arquitectura una dimensión temporal, ya que esta crece, cambia, florece o se seca. Esto transforma la experiencia arquitectónica en una experiencia viva, en constante renovación. Un espacio con vegetación no se percibe igual a lo largo del día, ni del año. Así, el cuerpo también se adapta, modifica su forma de habitar según la estación, la luz o la densidad de la materia viva que lo rodea. El espacio no es fijo sino que se activa en la relación entre cuerpo y vida vegetal.
| Fuente: archdaily.com |
| Fuente: Ford Foundation Center for Social Justice | Raymond Jungles, Inc. |
Los recorridos, las visuales, la orientación del cuerpo se definen en el diálogo con lo vegetal. Desde los anillos superiores, el jardín esta siempre presente incluso cuando el cuerpo se encuentra en reposo, habita en relación con una materia viva que lo condiciona y lo sensibiliza. Así, el límite de espacio deja de ser físico para convertirse en atmosférico y sensorial. En este caso la arquitectura no aloja un jardín, es el jardín quien organiza la arquitectura.
Este proyecto evidencia cómo, en la contemporaneidad, la vegetación puede ser el núcleo estructurador de lo espacial y lo institucional, y que el cuerpo humano no solo transita edificios, sino que los experimenta a través de su relación con lo vivo. La vegrtación deja de ser paisaje para convertirse en arquitectura.
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