Cuerpo, Espacio y Multicontextualidad en la Experiencia Arquitectónica.
Durante el desarrollo de la clase, surgió un interés particular por Patočka, dando lugar a cierta reflexión continua en torno a una pregunta fundamental: ¿de qué forma podemos percibir múltiples contextos?
Este interés nos lleva a una reflexión en torno a una relación intensa entre cuerpo, espacio y arquitectura. Lo anterior permite llegar a la comprensión de que el edificio, al materializar contextos universales, pero también locales, se convierte en el mismo punto en el que puede visibilizarse la tensión que habita entre la fragmentación y la simultaneidad multicontextual. Atender dicha dualidad nos invitar a encontrar y reflexionar reflexionar sobre cómo vincular simultáneamente diferentes contextos, es decir, transformar la fragmentación en un recurso de construcción unificadora. Para entender un poco más dicha reflexión, esta se puede subdividir en tres ejes principales:
El primer eje y fundamental es la comprensión del concepto del horizonte; cuando este se percibe como fragmentos del paisaje lejano, se le otorga una nueva dimensión, ya que vivimos continuamente en horizontes multicontextuales, siendo sujetos que viven varias realidades simultáneamente. Esta multiplicidad no es un cúmulo confuso de formas, pues esa multiplicidad es, al mismo tiempo, toda una condición del existir que nos convoca a nuevas maneras de aprehender el espacio y el cuerpo. De este modo, el cuerpo se convierte en el mediador principal entre estos fragmentos de horizonte. No es sólo un ocupante del espacio, sino que es un constructor activo de la experiencia del espacio. A través de la percepción corporal, los fragmentos dispersos del paisaje se articulan en una experiencia que es coherente y al mismo tiempo múltiple y compleja.
El segundo eje esta influenciado por el escultor Ojza-Ara, cuya obra, especialmente como sus máscaras exploran la ausencia de la vida, lo que conlleva a repensar el espacio como ese espacio instalado por la presencia, al mismo tiempo que por la ausencia. Esta exploración nos lleva a entender el espacio como algo construido tanto por la presencia como por la ausencia. Existe una preocupación por el vacío y la memoria de lo que ya no está, lo cual se conecta directamente con la filosofía de Patočka. Para Patočka, el espacio no es solo un contenedor, sino un campo de fuerzas moldeado por nuestras experiencias. Así, el vacío no es ausencia, sino una memoria activa que da plenitud a nuestra existencia. Los huecos, las aberturas, los vacíos no son simplemente ausencias sino articulaciones activas que organizan la experiencia espacial.
El último eje también esta influenciado por Ojza-Ara, pero más enfocado hacia como la figura escultórica y sus múltiples formas simbolizan la identidad humana como una entidad relacional. La figura humana, con sus concavidades y convexidades, es un microcosmos arquitectónico, es decir, un espacio que se tiene para uno mismo pero que se define también en relación a otros cuerpos y en relación al lugar. También el movimiento es fundamental, el vacío vincula el tránsito de personas a través del espacio, en esto, el vacío afirma que la espacialidad vivida es también una cuestión cinética, afectiva y no estática.
Un ejemplo paradigmático de la materialización de estos conceptos se encuentra en el complejo residencial Torres del Parque en Bogotá, obra del renombrado arquitecto colombiano Rogelio Salmona.
Al realizar un análisis de los patios circulares y semicirculares internos de las torres, estos se pueden interpretar como "huecos construidos" que articulan la vida comunitaria del conjunto. Estos vacíos, desde esta perspectiva, no son simples ausencias sino organizadores espaciales activos que vinculan las diferentes escalas del acto de habitar, desde lo privado del apartamento hasta lo colectivo del barrio. En esta comprensión, cada patio funciona como una "figura análoga" que conecta lo privado con lo público, lo interior con el paisaje circundante.
| Fuente: https://images.adsttc.com/media/images/55e6/3287/8450/b51a/4800/02c4/slideshow/plano-1-2.jpg?1441149567 |
El estudio de los recorridos que atraviesan estas torres, da cuenta de que la fragmentación del conjunto en diferentes volúmenes produce la experiencia de esta "simultaneidad multicontextual" que se ha teorizado como tal. El habitante se desplaza entre distintos "fragmentos del horizonte", desde los patios privados hasta las terrazas que encuadran las vistas puntuales del paisaje bogotano, experimentando múltiples escalas sin perder la coherencia de la experiencia total.
La arquitectura curva de ladrillo de las Torres del Parque, con sus concavidades y convexidades, refleja la analogía escultórica de Patočka. Los balcones y pasarelas se entrelazan, creando un tejido social donde cada cuerpo se percibe como parte de un conjunto. Así, el edificio funciona como un cuerpo colectivo.
| Fuente: https://images.adsttc.com/media/images/55e6/32ca/8450/b51a/4800/02ca/large_jpg/estudio-blau.jpg?1441149637 |
En líneas generales el estudio arquitectónico da cuenta de cómo el espacio residencial puede ser constructor de memoria colectiva y experiencia urbana, donde cada "hueco construido" ya es un espacio de posibilidad para la vida comunitaria, asentando las teorías que dan cuenta de cómo "el hueco une el movimiento de las personas a través del espacio" y del cómo se hace mediador entre el cuerpo individual y los contextos colectivos de Bogotá .
Para concluir se puede decir que las reflexiones en torno a Patočka han llevado hacia una comprensión personal de la arquitectura entendida como constructora de horizontes vividos y que el espacio arquitectónico no es sólo el continente de las actividades humanas, sino el mediador por excelencia entre el cuerpo del individuo y los propios contextos colectivos, entre la experiencia inmediata y los horizontes culturales ampliados.
Comentarios
Publicar un comentario