Arquitectura que acontece: el espacio vivido en las Termas de Vals

 por : Samuel Coral Romero


Jan Patočka explica que el ser humano es un ser multicontextual, cuya experiencia vivida del mundo surge de su capacidad para estar presente en múltiples niveles a la vez. No se trata de una forma de omnipresencia, sino de la posibilidad que tiene el cuerpo ,a través de la mente, los sentidos y las emociones, de relacionarse simultáneamente con diversos contextos físicos, simbólicos y emocionales.

De cierto modo, podemos trasladar la noción de multicontextualidad del cuerpo humano hacia la arquitectura. Un espacio puede considerarse multicontextual cuando se vale de algo más que lo construido para configurar su espacialidad. En este sentido, es quizás lo no construido aquello que acompaña más profundamente esta relación: el horizonte y el paisaje, su vínculo con la topografía, la luz y, en un ámbito no estrictamente físico, la atmósfera y la percepción.

Así, tanto en el cuerpo humano como en la arquitectura, si lo relacionamos con la fenomenología de Jan Patočka, la definición del espacio propio no depende únicamente de sí mismo, sino también de su interacción con otros espacios. La espacialidad se expande en la medida en que se vincula con contextos diversos, y en esa multiplicidad encuentra su riqueza.

Para continuar con este escrito, es necesario introducir el ejemplo arquitectónico que se relacionará con la fenomenología propuesta por Patočka. En este caso, el proyecto a tratar será las Termas de Vals, del arquitecto Peter Zumthor, cuyo diseño permite explorar cómo el espacio puede convertirse en una experiencia multicontextual del cuerpo y del mundo.

En primer lugar, podemos abordar las Termas de Vals como un proyecto multicontextual. Al aproximarse al edificio, se hace evidente su profunda relación con la topografía: se trata de una arquitectura predominantemente estereotómica, excavada en la montaña, que se inscribe en el terreno más que posarse sobre él.

Sin embargo, esta dimensión estereotómica no agota su multicontextualidad. Desde la parte superior del proyecto, donde la construcción se comporta como una extensión natural del relieve, se percibe su integración con el paisaje y el horizonte que lo circunda.


Los límites entre lo construido y lo no construido se difuminan, y la experiencia arquitectónica se torna inseparable del entorno. El visitante no solo recorre un edificio: habita una atmósfera expandida, una continuidad sensible entre arquitectura y geografía que configura una experiencia envolvente de las montañas suizas.

Retomando el pensamiento de Jan Patočka, este edificio se configura a partir de su relación con lo que lo rodea, con lo no construido. Es su multicontextualidad lo que otorga a las Termas de Vals el carácter que las define; si su vínculo con la topografía y el paisaje no fuese tan marcado, se trataría quizás de una mera extensión más de un hotel en las montañas y no de un referente arquitectónico paradigmático.


Desde otra perspectiva, podemos hablar de lo que no es estrictamente visible ni físico. Peter Zumthor construye un complejo de cavernas artificiales, llenas de recorridos, luces, atmósferas y sensaciones auditivas diversas, que de manera tácita contribuyen a la creación de un ambiente multicontextual.
En este punto, ya no nos referimos exclusivamente a lo que el cuerpo experimenta en términos físicos, sino a lo que percibe emocional y sensorialmente de su entorno: de la penumbra a la luz, del calor al frescor, de los cuartos abiertos a los más cerrados. Cada transición enriquece la espacialidad del proyecto, haciéndola resonar con la multicontextualidad perceptiva que lo define.

Siguiendo el hilo de la fenomenología propuesta por Jan Patočka, podemos afirmar que las Termas de Vals constituyen un ejemplo claro de cómo el mundo no existe como mero fondo, sino que se manifiesta a través de la experiencia del cuerpo.

El espacio en las Termas está configurado para hacer sentir al cuerpo, y en ese gesto no busca representar el mundo, sino hacerlo presente, encarnarlo. La arquitectura otorga un lugar especial a la espacialidad del cuerpo y a su contexto sensorial, reforzando su presencia en el mundo como fenómeno vivido, no como objeto separado.

A través de los límites difuminados entre lo construido y lo no construido, el paisaje y la topografía adquieren peso en la composición: dejan de ser elementos adjuntos para convertirse en parte integral del proyecto, gracias a la experiencia que este propone en diálogo con la multiplicidad de contextos.

En el interior del edificio, el juego es similar, aunque los actores cambian: ahora son las emociones y la percepción, en relación con la mente y su capacidad de dejarse afectar por lo que la rodea. Así, el espacio se carga de una intensidad fenomenológica, donde lo arquitectónico no se impone, sino que acontece en el cuerpo y en la conciencia.

Así, las Termas de Vals no se imponen al mundo, le permiten aparecer. Son cuerpo, atmósfera y paisaje en diálogo, donde la arquitectura no representa el sentido, sino que lo encarna.

Comentarios

  1. me resulta increible el como el ¨ser¨ funciona de forma multicontextual, siento que esto atribuye a la escala humana con otro determinante mas por cual puede ser medido, si bien habia tenido ideas a fin con lo expuesto por Jan Patočka, nunca habia explorado la idea en esa magnitud, gran ensayo, muy interesante

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