LA FILOSOFÍA DEL HABITAR: DIÁLOGOS RESONANTES EN LA ARQUITECTURA DE ÁLVARO SIZA Y RYUE NISHIZAWA
El arquitecto portugués Álvaro Siza Vieira aborda la
arquitectura desde una profunda sensibilidad hacia la experiencia del habitar
humano y la esencia del lugar. Para Siza, el acto de proyectar es un proceso
continuo y complejo, donde el dibujo es una herramienta vital para "entrar
y salir de la realidad", explorando la relación entre lo que se sabe y lo
que se intuye de un lugar. Esta aproximación resuena con la filosofía de Martin
Heidegger, particularmente en su ensayo "Construir, Habitar, Pensar".
Heidegger postula que el habitar no es simplemente ocupar un espacio, sino el
modo fundamental en que los humanos "permanecen sobre la tierra",
involucrando una cuaternidad que conecta la tierra, el cielo, lo divino y los
mortales. Siza, a través de su cuidadoso manejo de la luz y la sombra, la
elección de materiales y la articulación de umbrales, crea espacios que no solo
son funcionales, sino que también invitan a la introspección y a una
experiencia sensorial completa, afín con la búsqueda del verdadero sentido del
habitar y la dignificación de la existencia humana. Sus obras, con su énfasis
en la cualidad táctil del espacio, la penumbra como refugio y la luz como
elemento modelador, buscan enriquecer la experiencia de quienes las habitan.
Siza concibe la arquitectura como el arte de construir
y argumentar el imaginario de una cultura. Él busca traer lo más importante de
tiempos pasados de la arquitectura como herencia, no a través de una imitación
literal, sino como elementos abstractos puestos en diálogo con el presente. La
presencia de la memoria y la historia se manifiesta en sus obras como una
huella palpable y viva del pasado en el presente que permite re-aprender lo
olvidado. Esta actualidad creadora del pasado en sus diseños, como se ve en la
incorporación de elementos abstractos de ruinas y patrimonio histórico,
enriquece la arquitectura contemporánea.
Un ejemplo claro de esta filosofía es la intervención
de Siza en las Piscinas das Marés (1961-1966) en Leça de Palmeira. Aquí, Siza
no impone una estructura desconectada al lugar, sino que potencia las
condiciones existentes. El proyecto se basa en la fragmentación, donde los
elementos artificiales, como los muros de hormigón visto, se encuentran y se
fusionan con las preexistencias naturales, como las rocas. La disposición de estos
elementos crea secuencias de espacios naturales y artificiales, donde los
charcos y la interacción con el mar no solo delimitan el espacio, sino que
también reflejan la temporalidad y los cambios de la naturaleza que enriquece
la experiencia sensorial. Es una arquitectura que, si bien se diluye en el
paisaje, establece una fuerte presencia a través de líneas rectas y formas
geométricas que se oponen a la naturaleza, generando una tensión poética.
La filosofía de Siza sobre el habitar y la fragmentación encuentra similitudes en la obra del arquitecto japonés Ryue Nishizawa, particularmente en su Casa Moriyama (2002-2005) en Tokio. Ubicada en Õta, un área que pasó de ser un pueblo tradicional a ser absorbido por la creciente ciudad, Nishizawa concibió la Casa Moriyama no como una vivienda unificada, sino como un conjunto de diez volúmenes independientes y jardines entrelazados. Esta fragmentación radical del programa de vivienda es una reinterpretación de la vida urbana que desafía los vínculos tradicionales entre vivienda y ciudad.
La Casa Moriyama es una propuesta basada en el tiempo
que se adapta a procesos socioeconómicos, permitiendo al propietario alquilar
partes de la propiedad para pagar su hipoteca. Esta flexibilidad temporal
permite que la casa se disponga a la expansión o disminución, preservando su
identidad en el tiempo. Así, se asemeja a un organismo vivo en su dinámica
interacción con la incertidumbre del entorno urbano. Esta flexibilidad y
adaptabilidad se alinean con la concepción de Siza, quien ve sus viviendas como
una estructura especial capaz de recibir muchas ideas que la gente va teniendo
a lo largo del tiempo.
Este proyecto desafía las temáticas espaciales tradicionales como exterior/interior o público/privado. Aunque no hay una separación física, existe un límite que delimita el territorio. Las aberturas en las viviendas y los jardines entrelazados entre las unidades se diluyen en el espacio urbano, invitando a una reconsideración de la intimidad y la interacción social. Los espacios abiertos entre las unidades son tan vitales como las cajas mismas, funcionando como un corredor ramificado para las diferentes unidades. Nishizawa buscó que el interior y el exterior tuvieran una cantidad similar de luz para que su separación se volviera imperceptible.
Esta disposición fomenta una vida intermedia, pues, las
unidades, aunque individuales, crean una red social donde el salón del
propietario puede convertirse en un espacio común. La Casa Moriyama, con su
composición desarticulada, se convierte en un prototipo arquitectónico para la
cohabitación, permitiendo a los individuos vivir solos, pero juntos. Nishizawa
aborda un problema social contemporáneo, como la soledad en Japón, a través de
una propuesta arquitectónica basada en fragmentos de volúmenes que generan situaciones de encuentro y convivencia.
El arquitecto, Ryue Nishizawa, afirma que el edificio es "público y
privado, individual y colectivo, personal y compartido".
Ambos arquitectos, Siza y Nishizawa, aunque con
distintas formaciones y en diferentes contextos culturales, comparten una
filosofía arquitectónica similar centrada en la esencia del habitar y la
relación entre el ser humano, la arquitectura y el entorno, haciendo uso de fragmentos. Ambos demuestran
una aguda percepción del lugar y del tiempo. Siza busca la densidad del tiempo
histórico en el espacio, mientras que Nishizawa responde a la naturaleza
cambiante de las realidades urbanas japonesas. Sus arquitecturas se conciben
como organismos vivos que se transforman y envejecen con el tiempo, diseñadas
para una flexibilidad temporal que permite la evolución y adaptación a las
necesidades cambiantes de sus habitantes.
Tanto Siza como Nishizawa utilizan la fragmentación para crear una realidad más compleja a nivel sensorial, generando espacios intermedios que permiten múltiples lecturas y experiencias. Ambos desafían las dicotomías tradicionales (natural/construido, interior/exterior, público/privado), diluyendo los límites y creando una condición intermedia y ambigua. Esta búsqueda de disolución de límites se manifiesta en Siza al permitir que el paisaje penetre en sus edificios o al difuminar las fronteras entre la calle y la vivienda a través del patio, y en Nishizawa con la permeabilidad visual y física de la Casa Moriyama. En última instancia, el objetivo primordial de ambos es enriquecer la experiencia del habitar, invitando a la reflexión, la interacción y a una vida intermedia que realza la existencia humana en la complejidad de las ciudades contemporáneas.
Pablo César Jiménez Espitia
- Heidegger, M. (1967). Construir, habitar, pensar.
- Martín Domínguez, G., & De Esteban Garbayo, J. (2018). Interacciones en la periferia de Tokio: la casa Moriyama de Ryue Nishizawa. Universidad Politécnica de Madrid.
- Reyes Torres, R. (2015). Espacios intermedios frente al paisaje natural: Reflexiones sobre la obra de Álvaro Siza Vieira. Universitat Politècnica de Catalunya.
- Kotsioris, E. (2019, diciembre 30). The life in between: Ryue nishizawa’s Moriyama house, Tokyo, 2002-2005. Post; MoMA. Recuperado de https://post.moma.org/the-life-in-between-ryue-nishizawas-moriyama-house-tokyo-2002-2005/
- Schulze, M. (2019, septiembre 2). The extraordinary Moriyama House – By SANAA’s Ryue Nishizawa. Publicdelivery.org; Public Delivery. Recuperado de https://publicdelivery.org/moriyama-house/

Considero interesante la comparación entre las Piscinas das Marés y la Casa Moriyama, sobre todo por cómo ambas obras se adaptan a su entorno (natural o urbano), sin imponer una forma cerrada, sino permitiendo que la arquitectura crezca, se transforme e incluso envejezca. La idea de “una vida intermedia” que mencionas es muy sugerente, porque da a entender que el habitar no es algo fijo, sino un proceso en constante negociación.
ResponderEliminarAdemás, me hiciste pensar en cómo esta visión del habitar puede ser una respuesta concreta a problemas actuales como la soledad, la falta de comunidad o la rigidez de las ciudades. Me quedé con una pregunta: ¿crees que esta “ambigüedad espacial” que ofrecen Siza y Nishizawa, donde lo público y lo privado se mezclan, podría aplicarse en contextos de alta densidad urbana sin que eso genere conflicto o incomodidad?
Si bien la ambigüedad espacial que ofrecen ambos arquitectos, donde lo público y lo privado se entremezclan, podría aplicarse en contextos de alta densidad urbana, su éxito en evitar conflictos o incomodidades dependería de varios factores. Ya en la casa Moriyama hay problemas por esta ambigüedad, la transparencia que se da mediante los espacios abiertos a las calles ha atraído a muchos turistas, lo que ha llevado a la aparición de avisos que prohíben tomar fotos o caminar por ciertas áreas, lo que revela que choca con las expectativas culturales sobre la privacidad dado que se trata de Japón, una de las culturas más reservadas en el tema, la cual tiene una clara división de lo público y lo privado.
EliminarLa clave en la búsqueda de un vínculo estructural más profundo dentro del tejido urbano circundante reside en un diseño que no impone, sino que propone y se adapta a las dinámicas sociales y temporales del lugar, entendiendo el contexto en el que se desarrolla; sin embargo, puede ser algo difícil de lograr en altas densidades, pues entre más personas, habrá más maneras de pensar, más diferencias y menos control ni expectativas aterrizadas sobre si esta idea incomodará o no a las personas.