El habitar de la Ausencia: Cuerpo, fragmentos y memoria arquitectónica
Danna Alejandra Urquijo Acosta
Según el libro de Jan Patočka “Cuerpo, Comunidad, Lenguaje, Mundo”, la relación entre el ser humano, el espacio y la naturaleza se articula a través de conceptos como la espacialidad vivida y la multicontextualidad, donde el cuerpo, la comunidad y el lenguaje se entrelazan para definir nuestro habitar. La arquitectura y el arte no son solo objetos, también son productos de ciertas interacciones que median entre lo natural y lo construido, lo cual genera espacios intermedios que potencian la experiencia humana. Del mismo modo, encontramos que el espacio intersubjetivo es producto de la interacción entre personas, que, en pocas palabras, es la relación de varios cuerpos al mismo tiempo.
El
ser humano, en su complejidad, existe en múltiples contextos simultáneos (es
importante aclarar que contexto no es lo mismo que mundo), y es allí donde
surge el concepto de la multicontextualidad, donde son articuladas diferentes
informaciones al estar en diversos sitios a la vez. A su vez, la simultaneidad es
parte importante de lo que define esta multicontextualidad, ya que esta permite
conectar los diferentes contextos, lo cual influye y define la espacialidad.
En
este sentido, el horizonte se convierte en una herramienta conceptual clave, el
cual actúa como un campo de posibilidades, un límite que contiene fragmentos de
realidad, donde aquello que es ausente se hace presente por medio de la
percepción. El mundo es un horizonte, donde el cuerpo se siente contenido al
ser la suma de fragmentos, el cual se refleja en campos o áreas que nos
transportan a diferentes partes. Un ejemplo de ello es la triangulación a
partir de tres puntos, los cuales son representados como personas, en donde uno
de ellos necesita a los otros dos para poder ubicarse y saber en dónde está.
Allí cada uno de estos puntos tiene un horizonte en fragmentos, el cual define
su espacialidad.
Esto
también puede ser manifestado en algunas obras como, por ejemplo, las cajas
metafísicas, las cuales buscan hacer sentir la nada, las cuales funcionan como
trampas, que capturan la ausencia, como un vacío preparado para algo que puede
suceder en el futuro, o en esculturas que exploran la concavidad, como la
huella que deja un cuerpo que ya no está, así como el vacío que queda cuando
una persona muere. Aquí lo fundamental es el vacío que se siente en el centro.
MUSEO
JUDÍO DE BERLÍN – DANIEL LIBESKIND
Teniendo
en cuenta lo previamente expuesto, es posible generar una relación y comparación
entre los temas de interés de Patočka y un ejemplo arquitectónico.
El
Museo Judío de Berlín, de Daniel Libeskind, es un claro ejemplo de la analogía
planteada de la ausencia como presencia, formando intersecciones abruptas de
las formas en zigzag, las cuales, a su vez, van generando vacíos que simbolizan
las usencias de la historia judía.
Img. 1. Fotografía aérea del Museo Judío
El
museo no solamente contiene objetos u obras, sino que es una arquitectura que
expresa la historia del pueblo judío en Alemania, especialmente durante el
holocausto, y que, por medio de su forma, que no solo ocupa un espacio, también
comunica un mensaje de aquella herida abierta que quedó en la ciudad.
Su
planta en forma de rayo o zigzag es conocida como la “línea de Berlín”, la cual
no cuenta con un acceso directo desde el exterior al edificio, sino que se debe
ingresar por medio del museo barroco antiguo, señalando la tanto la continuidad
como la ruptura de la historia judía.
Img. 2. Fotografía museo barroco
como acceso
Cuenta
con dos tipos de intersecciones a lo largo del proyecto; las formales, donde se
pueden observar planos inclinados, muros que se cruzan y espacios que se chocan
o se bifurcan, pero también hay intersecciones simbólicas, entre la vida y la
muerta, la luz y la oscuridad, o la memoria y el olvido. Así mismo, integra
corredores verticales que atraviesan todo el edificio y que, a su vez, están
vacíos, los cuales simbolizan la ausencia causada por el exterminio judío.
Estos no tienen ninguna función expositiva para el mueso, están diseñados para
que los visitantes puedan sentir el silencio y la ausencia.
Img. 3. Fotografía interior del
museo
Img. 4. Fotografía de un corredor,
que simboliza la continuidad de la historia judía, y vacíos generados por
elementos arquitectónicos en la parte superior, lo cual crea un espacio que
simboliza la ausencia.
El
proyecto hace uso de la luz por medio de entradas fragmentadas, causadas por
cortes y hendiduras irregulares, nunca como un sistema simétrico o regular. Por
medio de ello, se generan diferentes atmósferas que van cambiando, donde se
pueden encontrar zonas en sombra, penumbra y destellos, las cuales están
metafóricamente relacionadas con el trauma y la esperanza que abarca el sentido
simbólico del museo.
Img. 5. Fotografía fachada museo,
aberturas para el manejo de la luz
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