Cuando el espacio se siente: Una Arquitectura para los sentidos
Esta forma de entender la arquitectura encuentra un fuerte sustento teórico en autores como Juhani Pallasmaa, quien en Los ojos de la piel habla acerca de la hegemonía de la vista en la cultura arquitectónica occidental y aboga por una arquitectura que recupere los sentidos olvidados. Pallasmaa sostiene que los materiales, los olores, las texturas y los sonidos constituyen una dimensión esencial del habitar, y que es a través de ellos que el cuerpo puede experimentar plenamente su estar en el mundo. Por otra parte, Zumthor recoge esta premisa, pero no desde la teoría, sino desde la praxis: construye atmósferas que, más que explicarse, se sienten (Figura 3).
Este enfoque tiene una resonancia clara con las ideas de Maurice Merleau-Ponty, quien en El ojo y el espíritu plantea que la percepción no es un acto pasivo del sujeto frente al mundo, sino un entrelazamiento activo entre cuerpo y entorno. El cuerpo no observa el espacio desde fuera, sino que lo constituye desde dentro, a través del movimiento, del tacto, de la respiración. La arquitectura, entonces, no se dirige a un observador distante, sino a un cuerpo encarnado y viviente. Las Termas de Vals son un ejemplo concreto de este pensamiento, ya que no buscan ser contempladas, sino atravesadas, sentidas y respiradas.
Esta arquitectura no sólo acoge al cuerpo, sino que lo transforma; lo obliga a desacelerar, a concentrarse en lo inmediato, a revalorar la experiencia sensorial como forma de conocimiento. Frente a la velocidad de la imagen digital actual y el exceso de estímulos externos, Zumthor nos propone un espacio de recogimiento y de silencio, donde el cuerpo puede volver a escucharse a sí mismo. Propone, además, una arquitectura ética en el sentido más profundo, no porque transmite un mensaje moral, sino porque cuida la relación entre el cuerpo y el mundo.
En conclusión, las Termas de Vals materializan una idea de arquitectura que parte del cuerpo como centro de la experiencia. No se trata de diseñar formas espectaculares, sino de componer situaciones sensibles donde el cuerpo pueda habitar el mundo de manera plena. Al activar todos los sentidos, Zumthor nos recuerda que el espacio arquitectónico no es una abstracción geométrica, sino una condición vivida, una posibilidad de encuentro entre el cuerpo y el lugar. En una cultura cada vez más desvinculada de la experiencia directa, esta arquitectura nos invita a volver al cuerpo como medida del espacio y del tiempo.




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