Sobre el Falso Histórico

En mi opinión, uno de los aspectos más importantes y bellos de la arquitectura es como esta, por su cualidad de perdurar en el tiempo deja ver y es viva evidencia de la historia misma de la humanidad. Cada edificio y cada intervención, cada modificación topográfica si se quiere, es una clara huella que da cuenta de una historia, de un momento, de unas prioridades particulares, de unas estructuras de poder, de una organización como sociedad, entre muchas otras cosas que son propias del momento en el que construimos cada edificio.

Asimismo, el tomar la decisión de demoler o no un edificio es tremendamente complejo y dependiendo del contexto de este (no solo en términos del sitio, sino también en términos históricos) está cargada de muchas complejidades y matices que deben ser tenidos en cuenta. Esto es especialmente evidente en las intervenciones hechas en Alemania después de la segunda guerra mundial que vimos en clase, de las cuales me llamó especialmente la atención el trabajo de David Chipperfield en el Neues Museum, en Berlín, en el que tomaron la decisión de restaurar el edificio dejando visible la marca del impacto que tuvo la guerra sobre el mismo. Conservaron los elementos que fueron quemados por las llamas y reemplazaron solo los que fueron completamente destruidos por las bombas, resaltando ese capítulo de la historia.



Neues Museum - Intervenido por David Chipperfield. Tomado de https://davidchipperfield.com/projects/neues-museum

Esto me recuerda un comentario que hizo una profesora de Antropología de la Universidad del Externado (cuyo nombre desafortunadamente no recuerdo) con quien tuve la oportunidad de visitar el Cementerio Central hace unos dos años. “El patrimonio está vivo”.

En el momento ella estaba hablando de la estatua que está sobre la tumba de Leo Kopp, el fundador de Bavaria quien era recordado por su generosidad. Nos contó que a esta estatua acostumbraban a ir muchas personas a susurrarle al oído, pidiendo favores, trabajo, prosperidad financiera, entre otras cosas. Esta costumbre era tan común que a la estatua de bronce se le fue desgastando la oreja en la cual le susurraban. Ese desgaste era evidencia de un pequeño aspecto de la cultura, de la historia y de las costumbres de la gente. La oreja fue restaurada y con esa restauración, fue borrada esta huella. Cuando dijo esa frase de “el patrimonio está vivo”, se refería a que el patrimonio no tiene por qué ser un elemento que debe quedar intacto, congelado en la historia, sino que es necesario entender que aquellas cosas que consideramos patrimonio pueden sufrir transformaciones, y que estas transformaciones (que pueden nacer de eventos históricos, de costumbres u otros) hacen parte fundamental del mismo, y negarlas, sería negar su historia. El patrimonio está vivo cuando da cuenta de nuestro paso o nuestra interacción con el mismo y esto mismo sucede con los edificios en Alemania que fueron afectados por la guerra y que fueron intervenidos de una forma similar al Neues Museum. La guerra y las innegables huellas que dejó ahora hacen parte fundamental de esos edificios y el dejar a la vista esas cicatrices, da cuenta de las vidas de estos y de un pedacito de la historia de las personas que vivieron ese momento.

Es este el problema fundamental del falso histórico. Borra la huella y con esta, la historia, y considero que este es un hecho que puede llegar a ser tan perceptible como la atmósfera que puede crear la luz o el color en un espacio.

Esto tiene que ver con una cuestión de autenticidad. En las intervenciones de los edificios en Alemania, hay de por medio una honestidad con el habitante. No hay en ningún momento una intención de ocultar que hay una reconstrucción de aquello que fue destruido. Esto tiene la enorme virtud de que la intervención se da permiso a sí misma de que esta reconstrucción no tenga que ser completa y absolutamente fiel a la original. Evidentemente, la intención es procurar también dar cuenta de lo que había antes, pero pretender conocer todas las decisiones que habían detrás de ese diseño que se está intentando recuperar, y por ende tener certeza de poder recrear de forma integral todo el diseño, es ingenuo, y puede muy fácilmente caer en el error de distorsionar la memoria de lo que es y lo que fue el edificio para generaciones futuras (o incluso, actuales). Por tanto, partir de esta honestidad, inmediatamente empieza un diálogo del edificio con el habitante, en el que el edificio le cuenta que lo que está viendo es una recuperación y que hay una historia detrás de la misma. Ese diálogo inmediatamente cambia la atmósfera del espacio, cambia la forma en la que se siente el cuerpo en el edificio, pues se es permanentemente consciente de la historia y por tanto, de otras personas que vivieron el edificio en otro momento.

Para terminar de dar a entender este punto, quiero hablar sobre un ejemplo de falso histórico que, ya ni si quiera intenta recuperar un aspecto de un todo que sí es histórico, sino que imita el estilo de edificios y espacios patrimoniales sin realmente serlo, del cual es perfecto ejemplo el Pueblito Paisa en Medellín.



Pueblito Paisa. Tomado de https://imagenes.eltiempo.com/files/og_thumbnail/uploads/2022/04/06/624db3d2d6035.jpeg

Esta intervención es una producción artificial que intenta reunir las características estereotípicas que tenemos en el imaginario de lo que es la arquitectura colonial y republicana antioqueña.

Debo aclarar que la única vez que he ido a este lugar fue muchísimo antes de que si quiera sospechara que iba a estudiar arquitectura, y en ese momento mi atención no estaba precisamente centrada en los detalles constructivos y aspectos técnicos propios de la disciplina, y quiero aclarar también que en general desconozco la forma en la que se diseñó y se construyó este proyecto. Por ello debo admitir también que es perfectamente posible que quienes lo hayan hecho, hayan tenido una profunda investigación respecto a este tipo de arquitectura y hubiesen cuidado los detalles para retratar lo más fielmente posible la arquitectura de un pueblo antioqueño, pero incluso si es así, cuestiono la intención detrás de hacer una intervención de este tipo, pues parece ser más que nada un intento de hacer un espacio específicamente para los turistas, para tomar fotos, para que “se vea bonito”, y no con el fin de hacer un ejercicio de conservar la riqueza que tenía esa arquitectura y la memoria inherente a esta. Considero que corre incluso el riesgo de caricaturizar lo que realmente es la arquitectura colonial y republicana de Antioquia, reduciéndola a una plaza, una fuente y una falsa iglesia.

Recuerdo vívidamente el recorrer este lugar, más que por cómo se veía, por cómo se sentía. Había en ese lugar un vacío casi insoportable que me hacía no querer estar allí, y no encontraba las palabras para describirlo. No es algo precisamente observable, pues como dije, es un lugar que “se ve bonito”. Es un sentimiento, un aspecto fenomenológico que creo que nace precisamente de eso, de la ausencia de historia, de autenticidad, de la ausencia del paso real de personas por ese espacio. Es un lugar que carece de alma pues nadie habitó esas casas, nadie fue a rezar a esa iglesia, nadie se congregó en esa plaza. Es un “patrimonio” que no ha estado vivo en ningún momento y esto cambia inevitablemente el cómo se siente el espacio y el cómo el cuerpo se adapta a este.

En otras palabras, la memoria que está impresa en la arquitectura es uno de los elementos que contribuye significativamente a la sensación del cuerpo en el espacio. Es algo que el hacer arquitectura debe tener en cuenta no solo como ejercicio académico o ejercicio de registro, sino como elemento de composición espacial y de diseño. Porque la razón de ser de la arquitectura no es la arquitectura misma y evidentemente no es una cuestión meramente estética. Su razón de ser es por excelencia la gente, las personas que la habitan y que la habitaron, eso es lo que le da vida y por esto es que la memoria que traen consigo los espacios y los edificios tiene fuerza a tal punto de hacernos querer conservarla. La arquitectura termina siendo viva evidencia de nuestra historia, y el falso histórico le roba esa memoria dejando en su lugar un vacío, una ausencia de la vida humana misma.


- Gabriela Zuluaga Martínez

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