Refugio y
horizonte: una lectura del espacio interior y su apertura al mundo desde Jan
Patocka en el Kimbell Art Museum
El Kimbell
Art Museum de Louis Kahn, ubicado en Fort Worth, Texas, es ampliamente
reconocido como una obra maestra de la arquitectura moderna. Inaugurado en
1972, dos años antes de la muerte de Kahn, este museo no es solo un edificio,
sino una profunda exploración de la luz, el espacio y la materialidad, que
invita a una reflexión sobre la experiencia humana en el entorno construido.
Para comprender la riqueza de su diseño, se puede establecer un diálogo con las
ideas filosóficas de Jan Patocka sobre el espacio personal y el horizonte y
contrastarlo con la arquitectura sensorial de las Termas de Vals de Peter
Zumthor.
El Kimbell
Art Museum fue concebido con la luz natural como su eje central. Kahn se
propuso crear espacios que tuvieran la “luminosidad de la plata”. La estructura
del museo, compuesta por dieciséis bóvedas cicloidales paralelas de hormigón,
incorpora estrechos tragaluces en sus bordes superiores que permiten la entrada
de la luz natural. Para difundir esta luz y crear condiciones espaciales
específicas para las obras de arte, se diseñaron reflectores de aluminio
perforado en forma de alas, que cuelgan debajo de las bóvedas. Este sistema no
solo ilumina las superficies lisas del hormigón, sino que también protege las
obras de los rayos ultravioleta. Kahn estaba preocupado por el juego de luces y
sombras en los elementos de mampostería del proyecto y buscaba formas de admitir
luz en los edificios que surgieran de la naturaleza esencial de la
construcción: la estructura, que debía ser a su vez la creadora de luz. Este
enfoque resalta la convicción de Kahn de que la luz no es un mero añadido, sino
una cualidad inherente y fundacional del espacio arquitectónico.
La concepción del espacio en el Kimbell resuena profundamente con las ideas de Jan Patocka en su Cuarta Conferencia: Espacio Personal: Reflexión, Horizonte, donde distingue entre la espacialidad objetiva y la espacialidad vivida o personal. Para él, el cuerpo humano no se define simplemente por sus relaciones geométricas objetivas, sino que es un vivir que es espacial en sí y por sí mismo, produciendo su ubicación en el espacio y haciéndose espacial. En el Kimbell, Kahn trasciende la mera geometría de las bóvedas al infundir el espacio con una cualidad lumínica que lo hace sensible y experiencial. Las galerías, aunque delimitadas por bóvedas, fluyen entre sí, liberando el espacio al eliminar paredes divisorias. La introducción de tres patios cortados en las bóvedas permite la entrada de luz y un pedazo del mundo exterior al interior, creando relaciones dinámicas entre los espacios interiores y exteriores. Esta interacción constante con la luz cambiante y el movimiento del sol convierte el Kimbell en un espacio que está en contacto con las condiciones externas, alineándose con la idea de Patocka de que el ser humano está arraigado en un solo contexto y que la orientación humana es una pluralidad de posibilidades.
El
concepto de horizonte de Patocka también se encuentra presente en el diseño de
Kahn. Para Patocka, el horizonte es aquello que fija todas las particularidades
de un paisaje dado y su parte visual, pero lo trasciende. Define el significado
de lo más cercano y concreto, y la ubicación espacial está vinculada a la
otorgación de significado. El Kimbell, con sus formas clásicas modernizadas, su
uso de materiales como el travertino, que evoca estructuras antiguas y sus
referencias a la arquitectura romana, aspira a una arquitectura atemporal, pero
de su tiempo. Esta búsqueda de lo atemporal y la contextualización de la
estructura con el entorno rural de Fort Worth, incluso haciendo referencia a
los silos de grano cercanos, crea un horizonte que no solo define el espacio
físico, sino que también carga de significado y memoria la experiencia del
visitante. La relación entre la curvatura del techo de hormigón y la pared revestida de travertino crea un espacio que permite la entrada de rayos
oblicuos de luz en las salas. Esta interacción sutil y la calidad de luz
resultante, sensible a cada cambio de las condiciones variantes del exterior otorga
al espacio una profundidad de significado que trasciende su mera función.
Varios de
estos aspectos presentes en el museo Kimbell están presentes también en las
Termas de Vals de Peter Zumthor, una obra que pone el énfasis en la experiencia
sensorial y la fenomenología. Zumthor, busca explorar objetivamente fenómenos
subjetivos como la experiencia y las percepciones. Al igual que Kahn con la
luz, Zumthor concibe el espacio a través de la materialidad, el sonido, la
temperatura y el olor, buscando ciertas condiciones que generen intimidad. El
edificio, semienterrado en la ladera de la montaña, utiliza la piedra de
cuarcita local de Valser como su piel y su estructura, estableciendo un diálogo
crítico con el paisaje. Las estrechas ranuras de 8 centímetros en el techo de las
termas permiten la entrada de luz natural, y la luz emerge del agua por la
noche, creando una atmósfera mística. Zumthor baña cada espacio con distintas
intensidades de luz para revelar texturas y colores de manera diferente, un
enfoque que, aunque más dramático y enfocado en la inmersión, comparte con Kahn
la idea de la manipulación lumínica para definir y cualificar el espacio.
Ambos
arquitectos, Kahn y Zumthor redescubren la idea de la habitación o espacio
discreto como unidad fundamental de la experiencia arquitectónica. Mientras que
Kahn busca la “luminosidad de la plata” y la creación de una serie de salas
adyacentes, Zumthor crea volúmenes complementarios, todos distintos entre sí, que
se ensamblan como un rompecabezas tridimensional. La circulación en las Termas
de Vals es un viaje de descubrimientos, donde la perspectiva está siempre
controlada, garantizando u ocultando una vista. Aunque el Kimbell no presenta
una circulación tan narrativa como en las Termas, su planta con galerías que se
abren, interconectadas por patios, también invita a un recorrido que revela el
espacio de manera gradual.
En síntesis, el Kimbell Art Museum de Louis Kahn se presenta como una unión entre la forma, la luz y la experiencia humana. Su diseño, que privilegia la luz natural filtrada a través de bóvedas y reflectores, crea un espacio iluminado que es mucho más que una simple exposición de arte, es un lugar que involucra al visitante en una experiencia espacial profunda. Esta meticulosa implementación de la luz y la materia en el Kimbell se alinea con la visión de Patocka sobre la espacialidad vivida, donde el espacio se define por su relación con la existencia humana y su horizonte de significado. Al mismo tiempo, el énfasis de Kahn en la materialidad esencial (hormigón, travertino, roble blanco) y su capacidad para evocar una sensación de atemporalidad y conexión con el lugar comparte un terreno común con el enfoque fenomenológico de Zumthor en las Termas de Vals, donde la piedra local y los elementos sensoriales construyen una experiencia inmersiva y profundamente arraigada. El Kimbell en su sobriedad, logra que la arquitectura no solo contenga el arte, sino que sea en sí misma una obra de arte que se experimenta con cada rayo de luz y cada matiz de espacio.
Karoll Sofia Rojas Arévalo
Referencias
ArchDaily. (2011, junio 16). AD Classics: Kimbell Art Museum / Louis Kahn. ArchDaily. https://www.archdaily.com/123761/ad-classics-kimbell-art-museum-louis-kahn
Priji. (2017, marzo 21). Looking at light in the Kimbell Art Museum. Medium. https://medium.com/@priji/looking-at-light-in-the-kimbell-art-museum-3b85f2e3bc62
WikiArquitectura. (s.f.). Termas de Vals. https://es.wikiarquitectura.com/edificio/termas-de-vals/
Tecnne. (2014, octubre 28). Peter Zumthor – Vals Thermal Baths. https://tecnne.com/arquitectura/peter-zumthor-vals-thermal-baths/
Patočka, J. (1998). Fourth Lecture: Personal Space: Reflection, Horizon. En Body, Community, Language, World. Open Court.

Es interesante como en el ensayo se analiza la luz como generadora de significado, más allá de su función técnica. Me hizo pensar en cómo en el Kimbell la luz no solo ilumina las obras, sino que construye atmósferas que conectan al visitante con el paso del tiempo y el exterior. Me gusta mucho la idea de que la luz no entra al espacio “por añadidura”, sino que es parte de su estructura misma. Siento que eso cambia por completo cómo se experimenta la arquitectura.
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