Donde el Vacío Se Vuelve Forma

La pregunta por la naturaleza del espacio y el lugar ha sido central en la filosofía y el arte, buscando comprender no sólo cómo ocupamos el mundo, sino cómo lo constituimos. Martin Heidegger, uno de los pensadores más influyentes del siglo XX, y Eduardo Chillida, el renombrado escultor vasco, compartieron una profunda preocupación por esta cuestión, culminando en su única colaboración conocida: el texto "El arte y el espacio" (1969).... Sus reflexiones, aunque de disciplinas distintas, convergen en una comprensión del espacio no como un contenedor preexistente, sino como algo que es creado, revelado e incluso "desocupado" a través de la obra de arte y el habitar humano. Esta visión resuena de manera sorprendente con la arquitectura minimalista y profundamente experiencial del Museo de Arte Chichu de Tadao Ando en la Isla de Naoshima, Japón, donde el espacio mismo se convierte en una obra de arte.

MARTIN HEIDEGGER: DIE KUNST UND DER RAUM (VORZUGSAUSGABE)1969



Para Heidegger, el espacio no es simplemente la extensión geométrica o físico-técnica que estudia la ciencia. Esta comprensión convencional ve el espacio como un vacío esperando ser llenado por material. Sin embargo, Heidegger sostiene que el espacio artístico no está ahí de antemano, sino que es creado por el artista en la formación de la obra misma. En su ensayo "El arte y el espacio", Heidegger plantea que la plástica "corporeiza" (verkörpert) algo, y lo que corporeiza no es un espacio físico previamente dado. La pregunta directriz para él es: "¿qué es el espacio en cuanto espacio?".

Heidegger busca la peculiaridad del espacio en su propia esencia, no en comparación con otra cosa. Para ello, recurre a la etimología de la palabra alemana Raum. Descubre que Raum (espacio) proviene del verbo räumen (espaciar), que a su vez significa roden (desbrozar una tierra baldía). Esta serie de palabras sugiere que espaciar es liberar. En un acto de "espaciar", los árboles son talados y podados para que un nuevo sitio sea creado, permitiendo el plantar o construir. Esta liberación se traduce en un "emplazar" (Einräumen), que es el "acontecer de la concesión de lugares" (die Gewährnis von Orten)10. El emplazar, para Heidegger, no es solo quitar, sino también dejar entrar (Zulassen) algo en la disposición. La obra de arte, al emplazar, no solo prepara un lugar, sino que cambia todo a su alrededor para que la obra encuentre su sitio, reordenando las cosas en su comarca. La obra de arte es admitida a "lo abierto" (Offene) de una localidad donde todo es reordenado por su "acontecer" (wesen). Por lo tanto, el liberar y espaciar permiten que la obra de arte llegue a su propio destino (Wohin), que es una comarca de relaciones mutuas entre seres humanos y cosas. La obra de arte garantiza la existencia de lugares singularmente humanos.


Un aspecto fundamental de la filosofía de Heidegger en este contexto es su afirmación de que "las cosas son los lugares". Esta noción es central para su análisis del espacio y el arte, redefiniendo la plástica no como una "toma de posesión" (Besitzergreifung) del espacio, sino como una "corporeización de lugares" que, al abrir una comarca y preservarla, mantienen reunido un ámbito libre que procura a los hombres un habitar entre las cosas. Las obras de arte, en este sentido, instauran el escenario para el vivir.

Eduardo Chillida, por su parte, llegó a conclusiones sorprendentemente similares desde la práctica escultórica. Su experiencia como portero de fútbol le dio una intuición temprana del espacio tridimensional. Más tarde, al abandonar la arquitectura, se centró en la escultura porque quería un oficio donde el espacio contenido fuera tan importante como el continente. Chillida labra, forja y talla no solo para crear una forma material, sino para dar vida al vacío que queda, un vacío que él considera tan provocado y tan parte de la obra como lo visible. Él pregunta: "¿Qué es lo que manda: ¿el hueco o lo que lo delimita, lo que envuelve ese hueco?". Para Chillida, el vacío no es una ausencia, sino un "espacio positivo", un elemento esencial que el espectador debe percibir.

Chillida describe este proceso como "desocupar el espacio": no es solo quitar materia, sino "meter" espacio, vaciar para llenar, cambiar materia por espacio. Su proyecto de Tindaya, que consistía en excavar una montaña para liberar el espacio oculto en su interior, es un claro ejemplo de este concepto de "escultor de vacíos". La materia, para Chillida, es un "espacio muy lento", sugiriendo una profunda interconexión entre materia, espacio y tiempo.... La obra de arte se sitúa en los "límites", el punto donde una cosa se convierte en otra, o donde "lo que es termina y lo que no era comienza". Este énfasis en el límite como "el verdadero protagonista del espacio" es crucial, ya que es a través de la delimitación que el espacio es creado.

La convergencia de estas ideas es evidente. Ambos pensadores rechazan la noción de un espacio vacío preexistente; en cambio, el espacio es algo que se "hace" o "acontece" a través de la obra de arte. El "vaciar" o "desocupar" de Chillida es productivo, liberando el espacio, mientras que el Räumen (espaciar) de Heidegger también implica un "reunir" (versammeln) que obra en el lugar, haciendo productivo el acto de vaciar.... El vacío, entonces, no es una falta, sino una producción (Hervorbringen).


Escultura de Eduardo Chillida



Aquí es donde el Museo de Arte Chichu de Tadao Ando se convierte en un referente arquitectónico ejemplar de estas ideas. Ubicado en la Isla de Naoshima, el museo es una "obra de arte" en sí misma, diseñada para ser "en gran parte oculta bajo tierra". Esta elección subterránea no es casual; permite a Ando crear un sentido de contemplación tranquila y una integración "sin fisuras con la belleza natural de la isla" En lugar de imponer una estructura sobre el paisaje, Ando excava y moldea el terreno, haciendo que el edificio sea una extensión del entorno. Esto resuena directamente con la idea de Chillida de "desocupar" o "excavar" el espacio para crearlo, y con Heidegger's noción de que el espacio es "liberado" y "emplazado". El museo, literalmente, se "convierte en espacio" al ser tallado y revelado desde dentro de la tierra.

La arquitectura de Ando, caracterizada por el uso minimalista del hormigón y la manipulación magistral de la luz natural, ejemplifica el concepto de "juego del vacío" (Spielraum y juego del vacío) de Heidegger y Chillida. Grandes aberturas estratégicamente colocadas permiten que la luz natural se filtre, creando una interacción dinámica de luces y sombras que cambia sutilmente a lo largo del día. Este juego de luz y sombra transforma la experiencia del visitante, magnificando el impacto emocional de las obras de arte. El vacío, la "nada" de la oscuridad o la luz controlada, no es una carencia, sino un elemento activo que moldea y define el espacio, tal como el "hueco" en las esculturas de Chillida o el "vaciar" productivo de Heidegger.

Las obras de arte albergadas en el Chichu Museum –como "Open Sky" de James Turrell, las "Water Lilies" de Claude Monet y "Time/Timeless/No Time" de Walter De Maria– están "específicamente curadas para complementar el diseño de Ando. Esto subraya la concepción heideggeriana del arte como el "poner-en-obra la verdad" (Ins-Werk-Bringen der Wahrheit), donde la verdad es el "desocultamiento del ser" (Unverborgenheit des Seins).... La arquitectura no es solo un telón de fondo, sino que participa activamente en el "acontecer" del desocultamiento, creando un lugar donde las obras de arte pueden desplegar su esencia y donde las cosas se "reúnen" en una armonía balanceada.... El museo, como la plástica de Chillida, es una "corporeización de lugares", un lugar donde la tensión entre el "mundo" (la esfera de la existencia humana y su orden) y la "tierra" (lo que emerge inconteniblemente, la physis) se manifiesta y se preserva.


Museo de arte chichu, Tadao Ando


Chillida sugirió que "el presente es un lugar sin dimensión", y que al añadir todos los presentes, se obtiene la dimensión. Ando, en el Chichu Museum, parece hacer que el espacio "se detenga en el presente". A través de su diseño que manipula el tiempo y el espacio a través de la luz y el material, el museo permite una experiencia inmersiva que evoca la "dinamicidad suspendida" de la plástica que Heidegger admiraba. La quietud que se experimenta al descender al museo y moverse por sus galerías, bañadas por una luz que cambia con el día, es una forma de que el espacio se "haga" en el presente, una meditación sobre el habitar y el ser.

El Museo de Arte Chichu de Tadao Ando es un testimonio vivo de las ideas de Heidegger y Chillida. No es solo un edificio que contiene espacio, sino una estructura que genera y revela espacio a través de la manipulación de la materia, la luz y el vacío. Encarna la noción de que el espacio es algo que se "desbroza" y se "libera" (Heidegger), y que el vacío es un componente positivo y esencial de la obra (Chillida) El museo se "convierte en espacio" al ser una "corporeización de lugares" que "abre una comarca" para el habitar humano y la experiencia de la verdad del ser, donde la arquitectura, el arte y la naturaleza convergen en una armonía única y profunda.... Es un lugar donde el arte no solo se exhibe, sino que funda el espacio mismo, invitando al observador a una contemplación más allá de lo meramente visual.


Comentarios

  1. Me parece muy interesante la forma en que relacionas las ideas de Heidegger, Chillida y Tadao Ando a través del Museo Chichu, resaltando en la idea de que estos conciben el espacio no como un contenedor vacío, sino como algo que se hace o acontece.
    Mi pregunta es, si el museo de cierta forma funda el espacio al ser revelado desde la tierra y mediante aspectos como la manipulación de la luz y el tiempo con el fin de generar una experiencia inmersiva, ¿Cómo crees que esta concepción de un espacio desocupado productivamente invita al visitante a redefinir su propia percepción del habitar y su conexión con el entorno natural?

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  2. Me pareció muy potente la forma en que el texto articula las ideas de Heidegger, Chillida y Ando, entendiendo el espacio no como algo dado, sino como algo que se revela, que se construye a través del vacío y la experiencia. La noción de “desocupar” para crear lugar me hizo pensar en cómo la arquitectura puede ser más que una forma: puede ser un acto de liberar.

    Sin embargo, me pregunto si estas ideas pueden aplicarse en contextos más comunes, fuera de obras excepcionales como el Chichu Museum. ¿Podemos hablar de “desocupar” espacio en medio de una ciudad saturada? ¿Qué pasa con la experiencia espacial cuando el habitar es fugaz o pasivo? Siento que ahí se abre una tensión interesante entre la teoría y la práctica.

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  3. Me parece que el texto ofrece una visión sensible y rigurosa sobre cómo el espacio, lejos de ser un fondo pasivo, se convierte en una experiencia activa que se revela a través del arte, la arquitectura y la escultura. La conexión entre Heidegger, Chillida y Ando no es solo temática, sino ontológica: los tres entienden que el lugar se funda en el acto de desocultar, de hacer aparecer lo que antes no tenía presencia. La arquitectura del Museo Chichu no solo ilustra estas ideas, sino que las encarna, permitiendo que el visitante perciba el vacío no como ausencia, sino como plenitud potencial, esta concepción transforma nuestra relación con el entorno, el cuerpo y el tiempo, y nos lleva a reconsiderar el acto de habitar como algo mucho más profundo que simplemente ocupar un lugar, todo esto me lleva a la pregunta: ¿Qué otras formas de arte más allá de la escultura y la arquitectura podrían también “desocupar” y generar espacio en el sentido heideggeriano?

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