Donde el paisaje habla: Una relación arquitectónica entre lo visible y lo latente
Danna Alejandra Urquijo Acosta
David Leatherbarrow expone una profunda y crítica mirada acerca de la relación que existe entre la arquitectura y el paisaje, alejándose de la percepción tradicional que se basa en formas y objetos. Se enfoca en que la arquitectura no se limita únicamente a la configuración física del espacio, sino que va mucho más allá, siendo una forma de orientación y de inscripción en un horizonte que tiene en común con el paisaje. Plantea que la arquitectura comparte una dimensión textual y experiencial con el paisaje, ya que ambos se leen, se recorren y se comprenden en la medida en que son habitados.
En la percepción del espacio existen zonas visibles, y que al enfocar una en específico, otras pasan a ser latentes o marginales. Esta idea refuerza la noción de que el entorno no siempre se ofrece en su totalidad de forma directa, sino que hay un lado “no mostrado”, el cual se entrega a la experiencia y está a la espera de ser revelado por el habitante, no como un conjunto de objetos, sino como un lugar que cuenta con potenciales latentes.
Uno de los puntos clave es el concepto de topografía, no como una forma física y estática, sino como una condición dinámica que es transformada por medio de la praxis humana. Esta se forma a través del relacionamiento de un conjunto de cosas, que es el horizonte, en la cual se encuentra una agrupación de espacios, que son el foco.
La superficie del paisaje, o del edificio, registra las huellas de las actividades humanas que ocurren en sí, donde cada paso, cada uso, cada transformación deja una marca, lo que es denominado por Leatherbarrow como una "condición material e inmaterial". En este sentido, el espacio está saturado de prácticas diarias, lo cual hace que esté cargado de memoria y comportamiento, evidenciando que hay mucho más potencial en el margen, que en aquello que es evidente para lo visual.
En su análisis, la topografía no es simplemente tierra ni forma, ni responde a cánones como los de Alberti o Vitruvio, sino que es una red de relaciones que se desarrollan entre materiales, usos, cuerpos y recorridos. Esta posición rompe con la percepción de la arquitectura como algo simplemente visual, con el fin de introducir una dimensión que va más allá de ello, que consiste en lo sensorial, lo táctil y lo temporal, donde lo arquitectónico surge de las articulaciones que se llevan a cabo entre fragmentos, y del juego que hay entre lo visible y lo oculto, lo fijo y lo móvil.
El autor invita a hacer una reflexión acerca de la práctica arquitectónica común, no como una relación netamente formal entre la luz y la composición de objetos, sino como una mediación activa que se lleva a cabo entre el ser humano y la topografía que habita. La arquitectura no se impone al paisaje, sino que se inscribe en él, lo lee y lo transforma en un proceso continuo de interacción.
CAPILLA DE BRUDER KLAUS - PETER ZUMTHOR
Con el fin de ampliar el planteamiento de Leatherbarrow mencionado anteriormente, se realiza una ejemplificación con un proyecto arquitectónico.
La Capilla de Bruder Klaus, diseñada por Peter Zumthor, es un campo agrícola de Mechernich-Wachendorf, Alemania, la cual no se muestra como un objeto arquitectónico en el sentido tradicional. Por el contrario, ilustra el concepto de Leatherbarrow al ser una “arquitectura orientada de otro modo”, que en otras palabras, es una forma de construcción que no se impone al lugar, sino que se configura a partir de él. Este proyecto se aprecia no como un objeto escultórico, sino como algo que se inscribe sensiblemente en la topografía del lugar, lo cual demuestra la forma de pensamiento arquitectónico en donde el terreno, la experiencia y el tiempo son entrelazados.
Img. 1. Fotografía de la capilla emplazada en el lugar
A pesar de que la capilla cuenta con un camino evidentemente marcado, el visitante tiene la posibilidad de recorrer el campo independientemente, lo cual genera que exista una condición de sentir el suelo, y por lo tanto, de orientación corporal. Del mismo modo, la capilla no destaca monumentalmente desde la distancia, sino que gracias a su volumetría se funde con el paisaje agrícola que la rodea. También se convierte en una especie de vacío activo, ya que cuenta con un interior que espera a ser descubierto, al no ser mostrado a simple vista, tal y como es planteado por Leatherbarrow.
Img. 2. Fotografía del camino que guía a la capilla
Así mismo, uno de los planteamientos claves del autor es que el terreno se vuelve arquitectura no por la forma que tiene, sino por las huellas que deja el ser humano al hacer actividades sobre este. En el ejemplo de la capilla, el hecho de la simple construcción deja una huella, haciendo uso de troncos con el fin de moldear el interior, los cuales fueron quemados, lo cual ocasionó que el concreto quedara ahumado, marcado y hasta texturizado. De igual manera, el agua entra por una abertura cenital, lo cual genera manchas y va transformando lentamente el interior del proyecto. Al no tener ningún tipo de ornamentación o decoración añadida, la materialidad que ya está construida se vuelve un testimonio de los diferentes procesos que han pasado, tanto físicos como espirituales. Por lo tanto, la capilla es un espacio saturado de praxis, al no estar “terminada” visualmente, sino que se encuentra en un diálogo constante con el tiempo, el clima, la gravedad y la ocupación.
Img. 3 y 4. Materialidad de la fachada
Img. 5. Materialidad al interior de la capilla
Por otro lado, Leatherbarrow plantea que el sitio, tal como el texto, contiene capas y planos, ya que así como al leer una palabra o frase se enfoca una parte y se margina a otra, también al recorrer el paisaje hacia la capilla se ocasiona que se vayan enfocando diferentes elementos, como el cielo, el campo y la textura del concreto, y se dejan otros al margen. Es así como la persona que lo visita no ve todo a la vez, sino que lo va descubriendo lentamente, primero enfocando el campo, luego el volumen cerrado y por último el interior oscuro, introspectivo y transformado por la iluminación cenital.
Img. 6. Fotografía de la observación del campo y volumen de la capilla
Img. 7. Interior de la capilla que muestra la iluminación cenital
Peter Zumthor no trabaja ni con una forma clásica, ni con una simple adaptación al terreno, ya que la capilla no es formal, pero tampoco es informal, es un resultado de relaciones que se desarrollan entre la materia, el clima, el suelo, el cuerpo, el tiempo y la espiritualidad. Esto responde a lo que menciona Leatherbarrow, al mencionar que no toma una posición ni de Alberti ni de Vitruvio, debido a que no es ni tierra ni forma, sino una serie de relaciones, en las cuales la arquitectura se activa, y no en una imagen estática, sino es la capacidad que tiene de transformar y ser transformada por el contexto.
Img. 8, 9 y 10. Fotografías de las diferentes adaptaciones al terreno
Esta capilla es una manifestación de lo que Leatherbarrow plantea, ya que es una arquitectura que no representa al lugar, sino que lo revela. Por medio de una forma rigurosa, un material saturado de sentido y un proceso constructivo ligado a lo artesanal y al terreno, creando un espacio donde el habitar se convierte en una experiencia topográfica, sensorial y espiritual.
Referencias
Wikiarquitectura. Capilla de Campo Bruder Klaus. https://es.wikiarquitectura.com/edificio/capilla-de-campo-bruder-klaus/#bruder-klaus-chapel-peter-zumthor-wikiarquitectura-058
Información suministrada por el profesor Carlos Naranjo durante las horas de clase
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Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEsta lectura me parece interesante porque logra romper con la idea tradicional de la arquitectura como un objeto aislado o una simple composición visual y como lo expone Leatherbarrow plantear una mirada mucho más profunda y sensible, donde el paisaje no es un fondo pasivo, sino un actor en el proceso arquitectónico. Me parece muy interesante cómo se habla de la topografía como algo dinámico, en constante transformación por el uso y la experiencia humana.
ResponderEliminarEl análisis de la Capilla de Bruder Klaus es un buen ejemplo para entender estas ideas, sobre todo porque no busca destacar ni imponer una forma, sino dialogar con el lugar. La manera en que se relaciona con el terreno, con el tiempo y con los sentidos da cuenta de que la arquitectura puede ser mucho más que estética: puede ser memoria, experiencia y transformación. Lo que más me quedó es la idea de que lo marginal o lo no evidente también tiene un gran valor, y que hay una riqueza en lo que se descubre poco a poco al habitar un espacio.