Arquitectura y Simbolismo: La dimensión topológica del habitar

Danna Alejandra Urquijo Acosta

Dalibor Vesely en su libro “Architecture in the age of divided representation. The question of creativity in the shadow of production” expone la representación como condición de pensamiento y mundo. Parte de referirse a la representación como una capacidad no solo de imitar sino de pensar y hacer presente las condiciones del mundo. 

En su planteamiento, la arquitectura no es solamente un artefacto técnico, sino una forma de conocimiento que se organiza en tres capas de comprensión espacial: visibilidad, orientación y topología. La visibilidad es todo aquello que podemos percibir con respecto a la apariencia de las cosas, es la capa superficial de lo que se ve; formas, imágenes, fachadas, etc. Actualmente está muy influenciada por los medios de representación, como renders, que usualmente es lo que más se valora en la arquitectura contemporánea, pero que por sí sola carece de profundidad. La orientación nos sitúa relacionalmente en el entorno, se trata sobre cómo nos ubicamos con respecto a otros cuerpos, objetos o estructuras. Esta capa incluye referencias culturales y espaciales, como saber “dónde estoy”, o reconocer direcciones y caminos, siendo así fundamental para la navegación y la interacción espacial. Por último, la capa topológica, la más profunda, es la dimensión estructural y existencial del espacio, encargada de articular la estructura con nuestra pertenencia y relación con el espacio. Está relacionada con cómo es el habitar en el mundo de forma encarnada, estableciendo relaciones como “encima”, “debajo” o “al lado de”, siendo así la más importante, ya que es la que le da sentido a las otras capas, al estar fijada a la experiencia directa. 

Un ejemplo de esto es el ajedrez, el cual nos permite entenderlo mejor: la base del tablero como topología, los colores como orientación, y las fichas como formas visibles. La arquitectura, por tanto, es una forma de "juego" que requiere el reconocimiento de estas tres capas para generar interacción, relación y sentido con el espacio, y del mismo modo generar una arquitectura verdaderamente significativa.

La teoría de Vesely es confirmada a través de un experimento, el cual consiste en golpear el piso, ya que con esto es evidente y da cuenta de que quien lo golpea está en la tierra. Durante este experimento se pierde la relación visual y la orientación de la persona que lo realiza, pero que, de modo contrario, se mantiene la relación topológica, que en este caso es “sobre la tierra”, lo cual evidencia lo anterior mencionado, esta capa topológica es la más importante.

Para el autor, la creatividad arquitectónica no puede surgir únicamente de la lógica productiva (planificación, eficiencia, control técnico), al contrario, plantea que la verdadera creatividad surge de la capacidad de representar el mundo de manera simbólica y basado en la experiencia, para lo cual es necesario darle la oportunidad a aquello que no es programado, sino ambiguo o simbólico. Es de esta forma, que el arquitecto debe recuperar su actitud inicial de “re-descubrir del mundo”, en vez de asumir que todo ya está dado por los sistemas de producción.

De este modo, Vesely propone rehabilitar la continuidad cultural entre el conocimiento pre-moderno y las herramientas modernas, sin idealizar el pasado, ni rechazar la tecnología. Con ello es posible que la arquitectura continúe siendo un lenguaje compartido, la cual conecta generaciones, comunidades y valores colectivos.


CAPILLA DE NOTRE DAME DU HAUT - LE CORBUSIER

De acuerdo a lo tratado anteriormente, es posible realizar una comparativa y relacionar los planteamientos hechos por Vesely y un ejemplo arquitectónico.

La Capilla de Notre Dame du Haut, de Le Corbusier, está ubicada en la colina de Bourlemont, Ronchamp, Francia. Fue encargada con el fin de reconstruir una capilla de peregrinación que fue destruida durante la Segunda Guerra Mundial. Está destinada para ser un lugar de culto recogimiento y peregrinación mariana, y es considerada una obra maestra de la arquitectura moderna y un punto de inflexión en la trayectoria de Le Corbusier, alejándose de la forma funcional para dar paso a una arquitectura simbólica, sensorial y espiritual.


Img. 1. Fotografía general

Primeramente, se puede percibir la capa de la visibilidad en cuanto a que la capilla cuenta con una variedad de elementos que buscan romper con la ortogonalidad de la modernidad, haciendo uso de fachadas de muros blancos curvos, gruesos, de apariencia escultórica, una cubierta ondulada de hormigón que se asemeja a una concha marina o a un ala suspendida, la cual parece flotar sobre el edificio, ventanas pequeñas que perforan los muros de forma aparentemente aleatoria, como puntos de luz de distintos colores y tamaños, y una forma exterior que no sigue con las reglas racionales o simétricas, lo cual transmite fuerza, espiritualidad y misterio.

Img. 2. y 3. Fotografías de las fachadas de la capilla. Muestran los vanos aleatorios en los muros.

Siguiendo con la capa de la orientación, esta se ve reflejada ya que la capilla se orienta hacia el paisaje, ya que se encuentra ubicada en una colina con vistas extensas, acentuando la experiencia del ascenso. También cuenta con un recorrido del peregrino que es parte del diseño, el cual no incluye un acceso central, sino que propone varios puntos de entrada, dependiendo de la celebración que se vaya a realizar. También hace un juego de luz y sombra que marca tanto el paso del tiempo como el ritmo del día, situando al sujeto en el presente y en el lugar.

Img. 3. Fotografía al interior de uno de los altares. Ejemplificación de juego de luz y sombra.

La capa topológica se puede evidenciar en el espacio interior, ya que es profundamente atmosférico, al contar con muros curvos, penumbra, silencio y luz filtrada, donde la relación entre el cuerpo, el lugar y lo sagrado es directa y corporal, debido a que es posible sentirse “dentro de un espacio con sentido”, y no únicamente observando un objeto o lugar. El espacio permite tener una experiencia sensible en su totalidad gracias a la acústica, la textura rugosa del muro, el frescor del hormigón y la reverberación de la luz que tiene en su interior. Sin embargo, el espacio no puede ser entendido completamente con la vista, ya que requiere un recorrido, habitar y darle sentido por parte de las personas.

Img. 4. Fotografía del interior de la capilla. Evidencia del manejo de la luz y el color.

Con este ejemplo es posible constatar la relación de las diferentes capas que menciona Vesely en su teoría, ya que el proyecto no es solo visibilidad, a pesar de que la tiene, sino que evita la representación como algo técnico o controlado, la orientación no está dada por instrucciones funcionales, sino por la intuición espacial, el cuerpo y el rito, y la topología es esencial, debido a que el edificio no se impone como objeto, sino que se entrega al cuerpo y lo envuelve en una experiencia de acogimiento y pertenencia, demostrando el habitar simbólico sobre la lógica racionalista.

Referencias

Vesely, Dalibor. Architecture in the Age of Divided Representation: The Question of Creativity in the Shadow of Production. MIT Press, 2004.

Archdaily. Clásicos de Arquitectura: Ronchamp / Le Corbusier. https://www.archdaily.co/co/02-74548/clasicos-de-la-arquitectura-ronchamp-le-corbusier 

Información suministrada por el profesor Carlos Naranjo durante las horas de clase

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Comentarios

  1. El texto desarrolla con claridad la teoría de Vesely, entendiendo la arquitectura como una forma de conocimiento basada en la experiencia más que en la representación técnica. Las tres capas —visibilidad, orientación y topología— no se presentan como niveles aislados, sino como dimensiones que se entrelazan para dar sentido al espacio.

    La analogía con el ajedrez resulta útil para explicar este sistema, y el análisis de la Capilla de Ronchamp evidencia cómo una obra puede integrar estas capas de forma coherente. La capilla no se impone como objeto, sino que se ofrece al cuerpo y al rito, articulando lo simbólico con lo espacial.

    El texto acierta al mostrar que la creatividad no nace de la forma, sino de la mediación entre cuerpo, memoria y lenguaje. Así, proyectar se convierte en un acto de interpretación sensible más que en una respuesta técnica.

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