Habitar la luz: La Iglesia de Bagsværd desde Heidegger, Le Corbusier y Utzon
En la periferia de Copenhague, la
Iglesia de Bagsværd se presenta como una de las obras más emblemáticas y
espirituales de la arquitectura moderna. Diseñada por Jørn Utzon entre 1968 y
1976, esta iglesia constituye mucho más que un recinto religioso; es una
meditación construida sobre lo que significa habitar, experimentar y
reconciliarse con el mundo a través del espacio. Lejos de imponer un gesto
heroico, Utzon despliega una arquitectura silenciosa, que dialoga con el cielo,
la tierra, la luz y el cuerpo. En este sentido, su obra se puede pensar a la
luz de tres textos fundamentales: Construir, habitar, pensar de Martin
Heidegger (1951), El ángulo recto de Le Corbusier (1955) y Plataformas y
mesetas del propio Utzon (1962). En ellos se revelan ideas profundas sobre la
esencia del habitar, el orden del universo y el arraigo espiritual en la
arquitectura.
Martin Heidegger sostiene que
"construir es propiamente habitar. El modo en que los mortales existen
sobre la tierra es el construir como habitar" (Heidegger, 1951/2001, p.
117). Desde esta perspectiva, construir no es una acción técnica, sino un acto
existencial: una forma de estar en el mundo, en relación con la tierra, el
cielo, lo divino y los otros mortales. Esta relación, que el filósofo denomina
la cuaternidad, está plenamente presente en la Iglesia de Bagsværd. La
arquitectura de Utzon no busca imponer formas, sino crear un espacio donde se
pueda "habitar" en el sentido más profundo. El edificio, desde su
lenguaje industrial y discreto en el exterior, hasta la fluidez monumental de
su interior, expresa una transición entre el mundo ordinario y lo sagrado. El
visitante no es llevado directamente al centro, sino que recorre umbrales y
patios, plataformas intermedias que preparan al cuerpo para el recogimiento.
Así, la iglesia configura un espacio donde "los mortales habitan en cuanto
salvan la tierra, aceptan el cielo, aguardan a los dioses y se cuidan de los
mortales" (Heidegger, 1951/2001, p. 129). En Bagsværd, la tierra está en
la base tectónica del edificio; el cielo se manifiesta en la bóveda ondulante
de hormigón blanco, que recuerda la forma de las nubes; lo divino se revela en
la luz; y lo humano, en el movimiento del cuerpo a través del espacio.
Esta experiencia espiritual a través de la forma también encuentra eco en El ángulo recto, donde Le Corbusier propone que "el ángulo recto es una manifestación del espíritu humano que alcanza el orden" (Le Corbusier, 1955/1996, p. 46). En esta obra poética y filosófica, el arquitecto francés afirma que la arquitectura debe mediar entre la tierra y el cielo, entre lo horizontal y lo vertical, como símbolo de la existencia humana entre lo material y lo espiritual. Aunque Utzon abandona explícitamente el ángulo recto en la bóveda curva de Bagsværd, no renuncia al orden: la planta del edificio sigue una estricta modulación estructural, y el espacio está organizado con una lógica interna de gran claridad. La curvatura del techo, inspirada en las nubes observadas en los templos chinos, responde a una dimensión cósmica, no ornamental. Como Le Corbusier, busca una arquitectura que "hace del caos un orden, del desorden una armonía, del grito una canción" (Le Corbusier, 1955/1996, p. 63). La iglesia no impone una simbología religiosa explícita, sino que apela a una espiritualidad abstracta que se manifiesta en la luz que desciende desde lo alto (video 1), en el silencio que acoge, en la proporción que ordena.
Video 1 ilustración propia, muestrea el ingreso de la luz por la nave central que resalta el encuentro con lo divino
El propio Utzon, en su breve texto
Plataformas y mesetas, expresa su concepción de una arquitectura ritual y
enraizada: "Mi interés radica en la creación de plataformas, mesetas, como
base para la vida. Desde ellas, el hombre puede mirar hacia el cielo y elevar
su espíritu" (Utzon, 1962/2004, p. 12). Esta afirmación no es metafórica,
sino que se materializa de forma concreta en la Iglesia de Bagsværd. El acceso
no se da de manera directa, sino a través de secuencias espaciales que
recuerdan los caminos procesionales de las culturas antiguas. La arquitectura
se convierte en una topografía, donde el cuerpo es conducido de lo profano a lo
sagrado. Las plataformas no son solo físicas, sino también mentales: momentos
de pausa, de tránsito, de anticipación. En este sentido, Utzon construye una
"meseta espiritual", un espacio suspendido entre el suelo y el cielo,
donde el hombre puede, como decía Heidegger, "habitar poéticamente sobre
la tierra".
Así, la Iglesia de Bagsværd puede
leerse como una síntesis sensible entre el pensamiento heideggeriano del
habitar, la búsqueda de orden de Le Corbusier y la filosofía proyectual de
Utzon. No se trata de una obra que quiera representar lo divino, sino de una
que permite experimentarlo: no a través del símbolo, sino a través de la luz,
la forma, el sonido y el tiempo. En una época marcada por el exceso de imágenes
y la pérdida de significado, esta iglesia nos recuerda que la arquitectura
puede aún ser acto de pensamiento, acto de cuidado, acto de fe. Una
arquitectura que no grita, sino que enaltece el habitar.
Referencias:
Heidegger, M. (2001). Construir, habitar, pensar. En M. Heidegger, Conferencias y artículos (pp. 113-132). Buenos Aires: Ediciones del Ser. (Trabajo original publicado en 1951)
Le Corbusier. (1996). El ángulo recto (J. M. Faerna, Ed.). Barcelona: Polígrafa. (Obra original publicada en 1955)
Utzon, J. (2004). Plataformas y mesetas. En R. Weston, Jørn Utzon. Arquitectura, naturaleza y realidad (pp. 12-13). Barcelona: Gustavo Gili. (Texto original publicado en 1962)
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